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Carrusel electoral

Quizás las leyes electorales son demasiado alambicadas y abstrusas, con lo cual los jueces del ramo inevitablemente están en lo mismo.

El candidato descalificado, y el retirado de carrera que luego es salvado de las brasas, se han convertido en parte del paisaje electoral. La inestabilidad de las candidaturas se ha vuelto irritante. ¿Qué es lo que está mal? ¿Las leyes, las tachas, los candidatos, o las autoridades electorales? Probablemente un poco de todo.

El entrevero entre quienes de plano pierden su opción a competir, quienes solo quedan descalificados en una instancia pero luego se recuperan, quienes padecen tachas que simplemente no prosperan, termina produciendo sospechas, polémicas, y hasta sirviendo de soporte para teorías conspirativas.

Por ejemplo, Ricardo Uceda ve jurados electorales parcializados, que juegan con sus opiniones. Rosa María Palacios ve una maniobra para desestabilizar al JNE y con ello postergar las elecciones.

Es natural que una competencia electoral tenga candidatos infractores, a la hora de inscribirse o en la campaña misma. Pero en el caso peruano, con tantos candidatos, los casos que exigen sanción de los jurados electorales simplemente son demasiados. Esto en lugar de dar más credibilidad a los JEE o al JNE, parece reducirla.

Se ha acusado a las normas que descalifican candidatos de ser burocráticas, en el sentido de no ir a fondo del asunto. Sucede que en una era que busca transparencia absoluta los olvidos del candidato sobre su patrimonio se vuelven graves, incluso más que los olvidos sobre su prontuario. En ambos casos es necesario ejercer el criterio.

Aunque les resulte incómodo a los jurados electorales, y a los candidatos injustamente tachados, se trata de un trabajo necesario. El baño de realidad que nos han dado casos como el de Lava Jato en estos años confirma las ventajas de la precaución. Además, si se va a fiscalizar, mejor pecar por carta de más que por carta de menos.

Sobre las visiones conspirativas, cabe decir que si es incómodo juzgar a los candidatos en plena campaña, todavía más lo es acusar a las autoridades electorales. Por ese camino solo podremos tener elecciones cabales cuando terminen todos los problemas del país. Mientras tanto, todo será tentativo. O como dicen los acusadores cautos, presunto.

Quizás las leyes electorales son demasiado alambicadas y abstrusas, con lo cual los jueces del ramo inevitablemente están en lo mismo.