Alberto Adrianzén

Alberto Adrianzén

Disidencias

Más columnas

Alberto Adrianzén

De la pandemia a la infamia: la vacuna presidencial18 Feb 2021 | 3:52 h

Alberto Adrianzén

Hablemos de los “extranjeros”04 Feb 2021 | 3:20 h

Alberto Adrianzén

EE. UU. y los nuevos monstruos21 Ene 2021 | 5:33 h

Alberto Adrianzén

Integración y progresismo07 Ene 2021 | 5:58 h

Hablemos de los “extranjeros”

“A ello habría que sumarle que la presencia de “extranjeros” (es decir, venezolanos) en actos delictivos se ha vuelto notoria y está generando un creciente malestar...”.

Hace unos días el gobierno envió a la frontera norte 50 tanques de guerra y más de 1.200 soldados para frenar lo que sería un ingreso masivo de venezolanos y venezolanas a nuestro territorio. Se dice que en el mes de enero habrían ingresado un promedio diario de trescientas personas por esa frontera.

Para que se tenga una idea de la magnitud de este fenómeno, en el 2016 en el Perú había un poco más de cuatro mil venezolanos debidamente registrados. Es en ese año, cuando se profundiza la crisis económica y política en ese país y se incrementa la intervención extranjera (léase de EEUU y después del Grupo de Lima), que la inmigración venezolana se hace masiva, abarcando a varios países del continente, sobre todo de la región andina.

Hoy en el Perú viven más o menos un millón de ciudadanos venezolanos y venezolanas. Su crecimiento ha sido más que geométrico en estos últimos años. A ello habría que sumarle que la presencia de “extranjeros” (es decir, venezolanos) en actos delictivos se ha vuelto notoria y está generando un creciente malestar en la población. La pandemia, finalmente, ha provocado una crisis sanitaria que, con toda seguridad, impacta muy severamente a la comunidad venezolana.

El Perú no es un país como Argentina o Uruguay que han recibido grandes flujos migratorios. Por el contrario, somos un país de emigrantes. Hoy viven en el extranjero un poco más de tres millones de compatriotas, es decir cerca del 10% nuestra de población. Y si bien podemos discutir si esta inmigración se debe a que Venezuela vive una “crisis humanitaria”, si se debe al mayor intervencionismo de EEUU y otros países o si estamos ante una “inmigración económica”, lo que interesa es llamar la atención sobre el hecho de que hoy los migrantes son parte de un juego político internacional y que estamos en un momento propicio para que se levante un discurso xenófobo por sectores de la derecha en estas elecciones.

Un ejemplo de este juego político es la poco conocida Declaración de Quito suscrita por más de diez países de la región (la mayoría del Grupo de Lima), el 4 setiembre del 2018, “sobre la movilidad humana de ciudadanos venezolanos en la región”. Las propuestas que contiene ese documento son positivas, el problema es que ninguna se ha cumplido. Una de ellas era establecer un programa regional, con el apoyo de Naciones Unidas “para el intercambio oportuno, a través de las instancias nacionales competentes, de información pertinente de migrantes venezolanos, tendiente a prestar la ayuda humanitaria y lograr una migración ordenada y segura”. Otra era “fortalecer el rol de la CAN y del Mercosur para abordar, de manera integral y articulada, el flujo masivo de nacionales venezolanos y que permita adoptar acciones inmediatas para atender esta crisis migratoria de carácter humanitario”. Se podría decir que de las 18 propuestas ninguna ha sido efectivizada. Uno podría sospechar entonces que el Grupo de Quito, promovido por el Grupo de Lima y EEUU, lo único que buscaba era legitimar la idea de que en Venezuela existe una crisis humanitaria y así legalizar una posible intervención.

Una consecuencia de este juego político es que cada país aplica la legislación y la política que más le conviene, dejando de lado la necesidad de una estrategia regional. En realidad, nuestro país, pese a que este año le toca asumir la coordinación del Grupo de Quito, no tiene una política nacional ni tampoco regional frente a un tema que nos involucra directamente junto a Colombia y Ecuador. Más tiempo se ha gastado en una política de confrontación contra Venezuela que en buscar nuevas maneras de resolver comunitariamente este problema migratorio.

Es necesario, por ello, “desmadurizar” nuestra política exterior y “despolitizar” (subrayo las entrecomillas) la llamada cuestión venezolana, ya que la solución al problema de la masiva inmigración, que hoy nos afecta, debe ser (y es) también un problema del gobierno de Venezuela. En verdad, no se puede cerrar los ojos ante tanta tragedia.