Sonaly Tuesta

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Apapachados

“A través de maestras como Francisca, la mujer kukama que teje la chambira y enseña, hemos reconocido a la amazonía y nos ha hablado el río”.

Es mi palabra favorita. La suelo conjugar a cada rato y la voy truequeando entre quienes se cruzan por mi camino y definen conmigo un vínculo de comunidad. Sabremos en ese instante que somos memoria y podemos contar la una con la otra en estos tiempos, en los de aquellos y en los que vendrán con sus colores y formas, con sus grises y azules, con su propia sazón y su buena dosis de sabiduría.

Apapachar es acariciar con el alma. En la práctica, es una medicina natural para recargar energía. He inventado mis propias rutas y siempre priorizo el saber milenario de la gente y su profunda capacidad de entregar cariño y buenos deseos. Las palabras dichas tantas veces son ahora un eco memorable. Los apapachos son el referente central para volver y renovar esos lazos cotidianos que se han trasladado a la virtualidad y se han acomodado (como han podido) para convertirse en plataforma de esperanza.

Ese quipe de amor sincero que conservo orgullosa ha inspirado mi Taller Virtual Apapachados. “Cómo contar una historia desde la palabra y el textil”. Somos 15 mujeres en la juntada y estamos dispuestas a expresarnos haciendo real nuestras texturas, nuestras miradas, nuestra forma de hablar y de sentir, nuestros propósitos.

A través de maestras como Francisca, la mujer kukama que teje la chambira y enseña, hemos reconocido a la amazonía y nos ha hablado el río. Hemos sincerado nuestros apegos y el viaje se ha nutrido de audiovisual, de lectura, de crónica, de podcast, de telas y diseños.

Necesitábamos hablar y lo hemos hecho. De manera distinta, con pasión y sin temores. Potenciamos nuestra individualidad, respetándonos y valorándonos como grupo. Aludir a la otra es un recurso abrigador y poderoso.

Desde Leymebamba, la tierra de Fiorela, recordamos el caldo de chanche y la sola presencia de María nos ha traído el champú caliente a la mesa. Tan apapachadora ella, nos ha conmovido. Hemos llorado. Y reído, mucho más.