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Trump, Reagan y la teología

“Este neoliberalismo económico, profundamente antiliberal y conservador, literalmente reaccionario, nace con Reagan y lleva a Trump”.

Trump se ha marchado. Lo que ha ocurrido durante su gobierno “ni empezó con Trump ni terminará con Trump”. Así titula Leonardo Garnier un excelente texto, publicado en Página Abierta, que se intenta glosar en las líneas siguientes.

Desde la posguerra hasta los años setenta, la sociedad estadounidense vivió un tiempo de progreso económico y mejoras en la situación de los afrodescendientes y las mujeres.

Los demócratas defendieron estas mejoras, mientras que el Partido Republicano –el partido de Lincoln y la abolición de la esclavitud– se fue desplazando hacia la derecha, con personajes como Barry Goldwater. Nixon (abucheado en nuestra Universidad de San Marcos en 1958) jugó un papel temprano en ese proceso, pero cayó abruptamente, por su propia corrupción y torpeza, en el famoso Watergate.

El giro republicano se consolida con la presidencia del actor (de segunda) Ronald Reagan, que encontró su mejor papel en Washington. Reagan fue, como sabemos, el paradigma del neoliberalismo, seguido por Margaret Thatcher, Augusto Pinochet y Alberto Fujimori.

Su política ofrecía una quimera: rebajar impuestos a los ricos para beneficiar a los pobres. Bajaron los impuestos a los ricos, pero nunca mejoró la situación de los pobres. Al contrario, se inició un largo período de creciente desigualdad. La mitad más pobre de los hogares de los Estados Unidos, que habían llegado a recibir cerca del 22% del ingreso nacional en los años sesenta y setenta, pasó a recibir cerca del 12% hacia 2014. Al mismo tiempo, el 1% más rico vio crecer su tajada del ingreso nacional de un 11% a un 20% entre 1978 y 2014. El índice de desigualdad de Gini pasó de 0.43 en 1971 a 0.58 en 2016.

A partir de Reagan, se lanzó el discurso que tomaba las angustias de esa población blanca empobrecida, para convencerla de que la culpa de sus desgracias no la tenían quienes en esos mismos años se estaban enriqueciendo velozmente, sino otros pobres: los afrodescendientes, los latinos y demás migrantes que supuestamente les arrebataban sus trabajos y sus ingresos.

Peor aún, azuzaron a los hombres blancos trabajadores con la advertencia de otro enemigo que amenazaba su poder personal y su identidad: las mujeres y la población sexualmente diversa.

Para lograrlo, contaron con un poderoso instrumento: las nuevas corrientes religiosas evangélicas, que tomaron temas como el aborto, el divorcio, el feminismo, los derechos de la población LGTB, presentándolos como ataques al concepto y los valores de la familia tradicional.

Estas corrientes formularon la brutal Teología de la Prosperidad, según la cual no hay que esperar a la otra vida para recibir el premio o el castigo: Dios premia a los buenos con riquezas en este mundo y castiga a los pecadores con la pobreza. Nada mejor para justificar las riquezas crecientes de los mercaderes de la fe y el desprecio por los más pobres.

Negros, mujeres, comunidad sexualmente diversa y migrantes fueron percibidos como una amenaza económica y como algo mucho más difícil de asimilar: una amenaza identitaria, cultural y de poder. El reclamo contra ellos era el reclamo blanco por el sueño americano, un sueño que les estaba siendo robado por esos “otros”, que reclamaban también una tajada de un pastel que se encogía.

Este neoliberalismo económico, profundamente antiliberal y conservador, literalmente reaccionario, nace con Reagan y lleva a Trump. No se puede condenar a este y exaltar a su progenitor histórico. Y esta ideología no termina con Trump, sino que seguirá amenazando a la democracia, en EE. UU. y en el mundo entero: un verdadero peligro de nuestro tiempo.

QEPD Carlos Tapia, admirado y entrañable amigo. Inteligencia viva, valiente y tolerante. Socialista liberal. Una gran pérdida para el Perú.