Mirko Lauer

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Biden no la tiene fácil

“Va a tener que conciliar con el sector conservador de su partido, con los republicanos susceptibles de ser alejados de Trump, con intereses creados de diverso tipo”.

Después de su espectacular victoria sobre Donald Trump, por un buen tiempo todo va a ser anticlimático en el gobierno de Joe Biden. Su declaración del Covid-19 como prioridad inmediata de su gestión cae por su propio peso, y los estadounidenses ya están esperando resultados rápidos. El llamado a la unidad del país es útil, pero ella no se logrará con un discurso.

Rectificar los estropicios causados por cuatro años de Trump ya es de por sí un trabajo a tiempo completo. Muchas son medidas inaceptables, pero con muchos simpatizantes. Aquí la tarea no será solo imponer el peso de un nuevo gobierno, sino además ir ganando adeptos para una forma distinta de sentido común político. El control de las dos cámaras no facilita las cosas, sino al contrario.

“Volver a hacer a América grande” en realidad no es una aspiración exclusivamente trumpista, y por cierto tolera muchas lecturas. Desde hace ya tiempo los EEUU necesitan atajar a sus rivales comerciales, neutralizar a sus enemigos y recuperar antiguas preeminencias. Trump le dio a todo esto un sentido sombrío, que solo aisló a su país. Biden todavía no ha desarrollado una versión positiva frente a esas necesidades.

Sin embargo, el progresismo del ala izquierda demócrata que ha ganado presencia con su triunfo debería bastar para dar la imagen de un gobierno que está haciendo cosas. Haber vuelto al Acuerdo de París sobre cambio climático es un caso tempranísimo de política proactiva. Otro es haber empezado a buscar reglas más serias para la inmigración.

Como siempre sucede, no todos van a estar contentos con el nuevo presidente. Va a tener que conciliar con el sector conservador de su partido, con los republicanos susceptibles de ser alejados de Trump, con intereses creados de diverso tipo. Todo esto mientras intenta avanzar con la vacuna, imponer la mascarilla y abrir colegios en sus primeros 100 días.

Si el vivo recuerdo de los yerros y maldades de Trump pudiera mantenerse indefinidamente, Biden casi no tendría problemas. Pero pronto Biden empezará a ser juzgado por sus propios logros y deméritos, comenzando por la performance del gobierno frente al coronavirus, un espacio en el que no es fácil obtener triunfos sencillos. No parece haber mucho teflón en su futuro.