Lucia Solis

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Contra el machismo en el periodismo

“El periodismo feminista no desconoce la rigurosidad periodística, sino que aplica la perspectiva de género”.

“El machismo no tiene capacidad discursiva. ¿Qué hace? Utiliza la violencia simbólica, la violencia verbal, la ridiculización, el desprecio, […]”, decía la periodista y feminista española Nuria Varela.

Hace mucho que como periodistas, condenar la violencia de género solo en el marco de las alarmantes cifras de feminicidios, dejó de ser suficiente. Así como desde hace bastante, también, reconocerse feminista no puede ser más un saludo a la bandera, menos cuando se argumenta tanto y se entiende tan poco de lo que significa realmente: identificar y cuestionar aquella violencia simbólica que menciona Varela y que se encuentra normalizada. Incluso en medios consolidados y periodistas respetados. Ahí, el machismo continúa.

Es una pena que referentes del quehacer periodístico se adhieran a los argumentos simplistas que buscan atacar al feminismo. Que dejamos de lado los hechos, que cancelamos porque sí, que hacemos daño a nuestra propia consigna. El periodismo feminista, activista, no desconoce la rigurosidad periodística, lo que hace es aplicar la perspectiva de género y desafiar aquellas estructuras patriarcales, desfasadas, pero con las que aún muchos se sienten cómodos.

Comprender el #MeToo como un movimiento que visibilizó cientos de casos de acoso en diferentes industrias y el #YoTeCreo como una respuesta empática a quienes cuya palabra siempre ha sido cuestionada o devaluada es una acción política que no deja de lado la corroboración de los hechos, sino que implica un acercamiento sororo, con el respaldo que dan los números sobre violencia de género.

La lucha feminista no necesita aliados, ni se enfoca en sumar adeptos o en qué decir para quedar bien. Somos periodistas, feministas y activistas. Porque en cuestiones de igualdad no se puede ser “neutral”. Hay que concientizar, defender a lxs débiles y posicionarse. Porque los derechos y la libertad de poder opinar sin que un hombre nos diga que pongamos el cerebro a trabajar, por ejemplo, no se negocian, ni se ceden.