Humberto Campodónico

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Bono buono

“El Gobierno debe involucrar al sector privado y avanzar en la inclusión financiera para acelerar la distribución, y sin aglomeraciones”.

Las nuevas medidas contra el COVID han reabierto la discusión entre la salud y la economía. Así lo dijo la ministra Pilar (segunda ola) Mazzetti ayer al mencionar sus “diferencias” con el ministro Waldo (rebrote) Mendoza.

No puede haber reactivación con segunda ola. Peor si la salud está colapsada. Hay que priorizar la salud a la vez que buscar el menor daño posible a la economía. Pero daño va a haber, sobre todo en los servicios –por la menor movilidad– y donde ya hay una enorme pérdida de empleos y de ingresos en el sector informal. Eso impacta el consumo, que representa los 2/3 del PBI.

En los países industrializados, la demanda se mantiene con el seguro de desempleo y con las ayudas monetarias de los gobiernos, sobre todo EEUU: por eso su PBI no ha caído tanto. Lo mismo sucede con nuestros vecinos que han dado bonos: Argentina (3 bonos), Colombia (9 bonos) y Chile (4 bonos): celebran con alegría que los más pobres recuperaron buena parte de sus ingresos, lo que sostuvo la demanda.

Pero aquí muchos “se amargan” y dicen: eso es limosna. Peor: “eso vuelve ociosa a la gente”. El mismo argumento ideológico que se usó contra los pobres en la Inglaterra del siglo XVIII sigue vivo y coleando con el neoliberalismo.

El problema es que estos últimos 30 años han causado tanta destrucción al Estado que ya no es capaz ni de distribuir bonos (solo se ha distribuido el 80% del segundo bono). Eso tiene que cambiar. El gobierno debe involucrar al sector privado y avanzar en la inclusión financiera para acelerar la distribución, y sin aglomeraciones. Si la banca privada se niega, habrá que convencerlos, invocando la imperiosa necesidad de la salud de los peruanos.

Los argumentos anti también son económicos: hay que cuidar el equilibrio fiscal, dicen. No se dan cuenta (o no les importa) que la negación a un tercer y cuarto bono reduce más la demanda y agrava la situación económica. Como dice Kristalina Georgeva, la jefa del FMI: “Hoy el principal problema es la austeridad. Tengo un billón de dólares para apoyarlos a reactivar” (1). El MEF debiera escuchar a este FMI “recargado”. Concluida la pandemia regresaremos a la consolidación fiscal.

Se ha reabierto la discusión entre salud y economía, esencial para vencer a la pandemia. Nos parece muy bien, pues esa es la meta.

(1) Ver: No hipotecar el presente en http://www.cristaldemira.com/articulos.php?id=2883