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A salvar la elección

“En medio de una pandemia sin cura total a la vista, es momento de un compromiso político activo de todos”.

Por: Juan Álvarez M., editor de Política

La investigación publicada el sábado 9 en estas páginas, que revela que hay un centenar de postulantes al Congreso con sentencias judiciales por una variedad de delitos, confirma lo fallida que ha sido, otra vez, la labor de los partidos al seleccionar a quienes pretenden llegar al poder bajo su supuesta garantía.

Esto es grave, pues pone en cuestión la posibilidad de que el sufragio del 11 de abril permita superar la crisis de representación que nos agobia desde hace 200 años, pero más en el quinquenio actual.

La información periodística explica además el amplio rechazo de la ciudadanía (63%, según encuesta IEP publicada por La República el 13 de diciembre) a la oferta de candidatos presentados por estos partidos, y es probable que esa protesta se acentúe a medida que se hagan públicos más secretos en las hojas de vida de los postulantes.

Por eso es pertinente preguntarse si aún es posible salvar aunque sea lo mínimo de este proceso electoral ya en marcha. Eso, en mi opinión, va a depender, entre otros, de tres factores.

Primero, de lo que los partidos puedan hacer para transparentar la información de sus candidatos y, si es necesario, depurar sus listas. No sería la primera vez que, acorralados por denuncias periodísticas, los dirigentes aceptan que algunos postulantes en realidad nunca debieron serlo. Si han aprendido la lección, entenderán que cualquier intento de blindaje a uno de los suyos al final terminará perjudicándolos.

Segundo, de lo que los ciudadanos hagamos para votar lo mejor posible. Sí, el escenario en el que estamos –resultado de la distorsión que el Congreso disuelto y el actual hicieron de la propuesta de reforma política– conduce a anticipar que se elegirá otra vez al mal menor, por eso es necesario que, para atenuar el daño, el votante esté lo mejor informado posible y sea más crítico.

No olvidemos que parte del origen de la crisis política de estos días está en cómo votamos el 2016 y a inicios del 2020, y también en cuánto algunos apostaron por la apatía o por la polarización extrema.

Tercero, del rol que cumpla la prensa, tanto en la difusión de planes de gobierno como en la confrontación permanente a los candidatos. Los periodistas debemos acompañar a los ciudadanos en su esfuerzo para realizar un voto consciente, en acceder a la información que los partidos tratan de ocultar y en comprometer a los políticos a pronunciarse sobre asuntos claves para una sana convivencia social.

Trataremos de hacer, además, lo que esté al alcance para que el candidato se sienta obligado a cumplir sus promesas electorales y a no caer en la corrupción o en la prepotencia del funcionario ya elegido.

En conclusión, transitar por este proceso electoral con la sensación de que no cambiará nada después de votar es comprensible, pero nada útil. Esperar a que el problema de la representación política sea resuelto por alguien más (otro caudillo) o se solucione solo, tampoco ayuda. En el Año del Bicentenario y con una elección en medio de una pandemia sin cura total a la vista, es momento de un compromiso político activo de todos los ciudadanos, y eso incluye a los periodistas.