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Un año desafiante

El 2021 plantea retos muy difíciles que no se pueden eludir.

Al comenzar este año, cuando quisiéramos olvidar o borrar los problemas y desgracias que dejó el 2020, es necesario asumir que los doce meses que vienen no serán, en modo alguno, serenos. Más bien estarán sembrados de enormes desafíos, de problemas que resolver, de conflictos que amenguar. Si queremos cierta prosperidad, habrá que construirla.

Obsérvese nomás la resaca áspera que ha dejado la Ley Agraria, que como resultaba obvio no ha dejado contentos ni a los trabajadores ni a los empresarios. Otros conflictos más pueden irrumpir en las próximas semanas, y cruzarse con la tensión electoral, al punto que podríamos asomarnos una vez más a una crisis política de proporciones.

Está en la agenda también la llegada de la vacuna contra el SARS-CoV2, que sigue en un estado nebuloso que no debe durar hasta el infinito, porque el rebrote de contagios ya es un hecho y la segunda ola de la pandemia podría confirmarse pronto. No podemos caer, nuevamente, en el estado de desesperación vivido entre julio y agosto.

De eso depende además la recuperación económica, que comienza a dar buenas señales a juzgar por cifras recientes ofrecidas por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Según este organismo, la economía peruana podría crecer hasta 9% en el 2021, luego de haber caído cerca del 13%, gracias a un “efecto rebote” compensatorio.

Es decir, a una subida algo vigorosa desde el abismo, que no nos devolvería a la situación prepandemia, pero que al menos podría hacer que el Estado, las empresas y los ciudadanos recuperen oxígeno. Todo dependerá, sin embargo, de que la situación sanitaria no se vuelva a desbordar y nos obligue a confinarnos sin remedio.

Son varias las piezas que hay que poner sobre el tablero y, por lo mismo, la otra dimensión que tiene que funcionar, de manera mínimamente sensata, es la política. La elección de abril del 2021 no puede convertirse, una vez más, en una ruleta peligrosa, en la enésima temporada de la búsqueda del “mal menor” o del militante voto “anti”.

¿Seremos capaces de vivir respetablemente el Bicentenario? No hay manera de saberlo desde ahora, pero sí podemos exigirle a la clase política que, por lo menos en este año, aplaque su vena destructiva y descifre mejor las demandas ciudadanas de seguridad, justicia social, salud pública. O simplemente que no excluya a la decencia de la escena pública.