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¿El APRA se disuelve?

El viejo partido frente al dilema de participar o morir en los próximos comicios.

A pesar de que el declive del Partido Aprista Peruano era ya tangible desde los comicios del 2016, cuando el expresidente Alan García logró apenas el 5,83% de la votación, lo ocurrido en los últimos días con su casi frustrada inscripción del total de sus candidatos al Congreso resulta inverosímil. Es como si el ocaso de la estrella se aproximara.

No es imaginable que una agrupación con tanto peso político, con tanta historia detrás, cometiera la ingenuidad de no tramitar bien tal inscripción de sus postulantes parlamentarios en 26 jurisdicciones de todo el país, sino tan solo en tres (Arequipa, Junín y la representación del extranjero). Como si fuera un partido novato en política.

Nidia Vílchez, la candidata presidencial, y Carla García, que aspiraba a una curul en Lima, han puesto en la mira de la responsabilidad a José Pimentel, el personero legal aprista. Eso no parece un disparo al aire de la legendaria escopeta de dos cañones. Es más bien una confesión velada, pero en voz en alta, de que hay una crisis interna muy severa.

Lo que podría pasar, de no revertirse esta patinada, marcaría a fuego lento al movimiento fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre: si va solo con esas tres listas parlamentarias y la fórmula para la presidencia, la posibilidad de que no saque más del 5% de la votación (el mínimo para permanecer con vida electoral) es enorme.

Por primera vez, el Apra mostraría un músculo ciudadano magro, incapaz de sortear vallas que siempre, hasta en sus peores momentos, superó sin problemas. Se le vería como un grupo prácticamente en fase terminal, aun cuando luego pueda recuperar su inscripción electoral al ritmo extenuante del lema “el Apra nunca muere”.

De allí que la hipótesis de que detrás de este despropósito estarían miembros del propio partido suena probable. Ante la inminencia de una hecatombe, es posible que algunos militantes calibren que es más conveniente una retirada honrosa, para luego volver recargados, algo que tampoco garantizaría un reflote dado el escaso apoyo que hoy tienen.

No es una buena noticia que el partido sin el cual no se puede entender la política del siglo XX caiga en esta situación. Pero estos naufragios no son consecuencia del azar. Las performances recientes de líderes que alejaron al Apra de sus causas primigenias y la aproximaron a la corrupción han hecho su penoso trabajo.