Editorial Editorial

Editorial

La República

Más del columnista

Editorial Editorial

Respira Perú, una hazaña26 Ene 2021 | 5:23 h

Editorial Editorial

La vocación por los pobres25 Ene 2021 | 5:30 h

Editorial Editorial

Bolsonaro y las vacunas24 Ene 2021 | 2:49 h

Editorial Editorial

Hambre cero23 Ene 2021 | 3:11 h

Para que no se excedan

Poner límites a las tasas de interés bancario es algo que al menos se puede debatir

Cualquier ciudadano que ha pedido un préstamo bancario ha vivido la experiencia: el dinero fluye hacia su cuenta, raudamente, pero al final constata que terminó pagando un 50% o hasta 70% más de lo que le prestaron. En el lapso en el que pagaba sus cuotas, además, apareció en sus ahorros un rubro que decía “interés ganado”, de unos pocos soles.

Tal interés, que en términos bancarios se llama “tasa pasiva”, suele ser modestísimo: a veces de 0,10% o incluso nada. Mientras que los intereses por los citados préstamos, o por el uso de tarjetas de crédito (“tasa activa”), siempre son de dos dígitos o más. Digamos que la distancia entre ambos porcentajes es enorme, casi abismal.

En el Congreso de la República, que no es precisamente una cofradía de virtuosos analistas económicos, se ha planteado en estos días poner topes a estos intereses, a partir de un dictamen de ley que lleva la palabra “usura”. La Asociación de Bancos (Asbanc), por supuesto, ha puesto el grito en el cielo financiero.

Habría que calmarse y no convertir esto en un debate bloqueado. El problema existe y podrían llenarse tomos con los testimonios de los excesos bancarios que muchos ciudadanos han sufrido. Y plantear que, como lo hace el dictamen, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ponga topes en las tasas de interés, suena arriesgado.

Pero no es algo que no se haya hecho en otros países de la región, como México y Chile, y en varios del mundo (Dinamarca, Japón, Suecia, otros países europeos), donde la diferencia entre la tasa de interés pasiva y activa no es tan sideral. Es más: algunos economistas consideran que los intereses bajos pueden activar el consumo.

En el Perú, esa diferencia (llamada en términos técnicos ‘spread’) está entre las 10 peores del mundo. Plantear un cambio no significa arrojar la economía al ‘controlismo’ desatado sino simplemente ser más justos. La única alternativa, por añadidura, no es poner topes. Hay otros caminos que nos salvarían del corsé económico.

Uno de ellos sería habilitar a las cajas municipales, que suelen tener intereses más moderados, para que otorguen tarjetas de crédito. Si de lo que se trata es de competir realmente, la posibilidad de que haya mayores opciones suena posible. Sería incluso una manera de evitar la exclusión financiera, que ahora se esgrime para no cambiar nada.