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Agro nublado

La nueva ley agraria tendría que aprobarse hoy, pero no es seguro que acabe con la tormenta.

A pesar de que hoy sábado se reúne la Comisión de Economía del Congreso para debatir y supuestamente aprobar una nueva ley de promoción agraria, en el conflicto entre los trabajadores y los empresarios del agro reina una calma chicha, una sensación de que la tensión está solo suspendida. Todo va a depender de qué sea lo aprobado.

El Gobierno de transición ha propuesto que la remuneración mínima de los trabajadores, que era de unos modestos 39 soles, pase a 45 soles vía una bonificación especial del 20%. Aparte de eso habría una gratificación y una CTS (16.66% y 9.72% del sueldo básico, respectivamente), con lo cual el jornal diario ascendería, en total, a 56 soles.

Eso es lo que iba a debatir la mencionada comisión el pasado 24 de diciembre, cuando la ausencia –no sabemos si navideña o interesada- de siete congresistas de diversas bancadas frustró la aprobación de este proyecto de ley. Pero, aun si eso ocurre hoy, no llegaría necesariamente el fin de la tormenta en el agro.

Una parte de los trabajadores (de Ica y otras zonas) pide que la remuneración básica sea de 70 soles y que además se otorgue CTS y gratificaciones. Se precisa que esto le correspondería a las grandes empresas, no a las medianas y pequeñas, aunque esperablemente los gremios empresariales se oponen rotundamente a esta propuesta.

La única coincidencia entre ambos sectores es la eliminación de las services, algo que no alcanza para disipar los vientos de fronda, por lo que hoy podría haber un rebrote de las manifestaciones, que ojalá no incluya bloqueos de carreteras. Porque incluso si se aprueba lo que plantea el Ejecutivo habrá que esperar lo que el pleno del Congreso decida.

Estamos ante una madeja difícil de desenredar, pero no es imposible hacerlo. Entre los 45 soles y los 70 soles diarios puede haber un punto de consenso que podría ser aceptable por las dos partes. Como ya hemos señalado en esta página, eso está sujeto a que tanto los empresarios como los trabajadores no hagan de la intransigencia su bandera suprema.

Pero sobre todo es fundamental que los congresistas asuman su responsabilidad y que recojan los aportes diversos, especialmente los de los trabajadores, que por tantos años han sido marginados del debate sobre su propia condición. Hoy puede haber una señal en ese sentido, que por lo menos llame a sentarse en una mesa y no a pararse en una carretera.