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Sana Navidad

La fiesta del amor y la solidaridad puede ayudarnos a enfrentar este momento tan difícil.

Si bien la Navidad, una de las fiestas centrales del cristianismo, no se celebra con la misma plenitud en todo el planeta (en los países que profesan el islam, por ejemplo, no tiene tanto impacto), todos los años este día tiene un encanto que impregna la atmósfera global. Pero en este 2020 viene, además, con un aire de tristeza y preocupación.

Al llegar este 25 de diciembre, se registran en el mundo casi 80 millones de contagiados y más de 1 millón y 700 mil decesos debido al Covid-19, esa enfermedad que ha infectado de sufrimiento a todos los países y que, como siempre, ha caído con más fuerza sobre los más pobres y ninguneados. Ese mal que nos ha dejado un poco sin estrella.

En este día y en los que vendrán, se hace inevitable pensar en quienes pasarán esta fiesta del renacimiento en una cama UCI, con un balón de oxígeno tratando de devolverlo a la vida, o sin ni siquiera poder ver personalmente a sus familiares. En esta Navidad estarán también ausentes los abrazos reales, esos que hacen vivir a la especie humana.

Sufrimos todos, en todo el orbe, pero sufren de sobremanera quienes sin pandemia alguna ya estaban en un rincón olvidado tan parecido al pesebre de Belén, que hasta ahora es un lugar rodeado de modestia. Aun así, trataremos de que hoy sea una noche de paz, a pesar de que sabemos que la violencia del nuevo coronavirus no se detiene.

Tal vez por eso esta fecha, tan cálida y humana al margen de la devoción o el laicismo con que se celebre, resulta en las actuales circunstancias esencial. Puede ayudarnos a salvar la esperanza, a renacer en la solidaridad, a regalarnos los mayores cuidados para que este momento tan difícil se viva como un ritual de respeto por la vida de todos.

Cuidar a los niños, a los jóvenes, a las mujeres y especialmente a los adultos mayores que, en este momento angustiante de la historia humana contemporánea, son los más vulnerables a la acción del virus que nos sacude. A la sociedad en su conjunto y a la forma en que nos gobernamos, para que la buena voluntad no sea un bien esquivo.

El Evangelio está poblado de citas que llaman a la caridad, a la preocupación por el otro, a no despreciar al que sufre, a asistir al enfermo. El nacimiento de Jesús parece juntar en un haz esas posibilidades humanas, que desde La República queremos alentar para que esta Navidad no solo sea feliz, sino también más solidaria, más humana, más sana.