Marisa Glave

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Nacimiento

“Es tiempo de refundar nuestro pacto social, sí. Ya no lloren por un modelo y una Constitución que no son sostenibles”.

Llega Navidad en medio de un momento particularmente difícil para el país. Es difícil celebrar sabiendo que hay miles de personas que no dejarán de protestar estos días, pues se ha abierto un pequeño espacio, que no es común que se abra, para ser escuchados.

Para ser escuchadas. A veces olvidamos que muchas –podrían incluso ser la mayoría– de las personas que luchan por un cambio en el sistema de trabajo en la agroexportación son mujeres. Muchas son María.

No pueden pagar comerciales en televisión nacional. Toman la carretera. Es la única manera de tener la publicidad que tienen sus empleadores. Y, esta vez, estalla la violencia en varios puntos. No, no pretendo justificarla. Pero no voy a caer tampoco en la lógica maniquea de usar el estallido violento para deslegitimar la lucha. Las razones de la protesta, para quien quiera verlas, son evidentes.

El estallido no es por 20 soles más, es por 20 años de ese modelo. Por haberlo cargado en sus espaldas. Sostenido en sus manos. Pueden no ser las mismas trabajadoras y trabajadores de hace 20 años, pero son herederas de su historia. Y reclaman también por el sentido de La Historia.

Están, la verdad estamos, cansadas de que solo se diga que “las grandes agroexportadoras crearon empleo”. La otra cara de la moneda es que “las miles de trabajadoras y trabajadores agrarios hicieron posible el éxito de esas agroexportadoras”. Son dos caras de la moneda. No es solo una.

Ahora exigen que la tortilla se vuelva. Pueden con eso poner en riesgo de quiebra al sector, como alertan algunos. Y es entendible que la tecnocracia estatal quiera evitarlo. Pero me parece increíble que se les pida a las personas que han sido explotadas, por años, que piensen en los beneficios que pierden los que lucraron con un régimen que les redujo derechos y las dejó en situación de alta vulnerabilidad.

No es ni equiparable con pedirles que pongan la otra mejilla. Ya tienen heridas en ambas y les duele hasta el polvo que trae el viento.

Y así como en el sector agroexportador, estamos llegando al límite de la tolerancia en el sector textil o minero. También está por estallar el mundo “informal” que sostiene de manera cínica este modelo económico que, en el discurso, dice que busca la formalización.

La busca hace 30 años. Destruyeron derechos laborales argumentando que eran “la causa” de la informalidad. Hoy somos reconocidos por un alto crecimiento económico, pero seguimos teniendo a más del 70% de la PEA en la informalidad. No, no da más.

Es tiempo de refundar nuestro pacto social, sí. Ya no lloren por un modelo y una Constitución que no son sostenibles. Empecemos a pensar cómo avanzamos en un cambio, cómo aseguramos un proceso constituyente ciudadano y popular, que no se lo roben las mafias y sus partidos.

No hagamos más doloroso el parto. El Perú no puede más. Espero que pronto celebremos la esperanza que nace.