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Apagar el fuego antes

Resulta crucial prevenir los conflictos para que no provoquen violencia desatada.

Al cierre de esta edición, se había liberado ya la carretera Panamericana Sur, cerca a la ciudad de Ica, pero la Panamericana Norte en las inmediaciones del puente Virú (departamento de La Libertad) seguía bloqueada por acción de los manifestantes que exigen una nueva ley agraria. La calma había vuelto relativamente, pero la tensión continuaba.

Toda esta penosa situación ha tenido episodios lamentables y condenables, como el ataque contra una ambulancia en Ica y la imposibilidad de que varios camiones que llevaban oxígeno medicinal no pudieran pasar, tanto en el norte como en el sur. También se ha apedreado a numerosos carros, se ha golpeado a policías y ha habido ataques a la propiedad privada.

Desde el comienzo de las protestas en este diario hemos abogado para que se atiendan los justos reclamos de los trabajadores del agro, que cargan por años una injusticia que tiene que ser reparada. Pero al mismo tiempo estamos en abierto desacuerdo con actos violentos, vandálicos, sin rumbo, que no hacen más que desacreditar las protestas.

Quemar una ambulancia del Ministerio de Salud y golpear a quienes la conducían es algo que no puede ser considerado una medida de lucha. Lo mismo si se impide que llegue el oxígeno vital para los actuales afectados por la pandemia. Es más: cuando esto ocurre, emerge la posibilidad de que manos extrañas puedan estar manipulando el paro.

Los propios trabajadores que reclaman deberían estar atentos a estos desmanes para impedir que ocurran, pues hasta podrían estar vinculados a grupos políticos, que en el Congreso y en otras instancias hace meses que están tratando de sumir al país en una suerte de crisis social y política permanente. No parece haber tregua en este propósito.

Resulta urgente, asimismo, que el Ejecutivo fortalezca los mecanismos de prevención de conflictos sociales. Ahora brotan por doquier, como si percibieran una debilidad en el Gobierno, que no puede dejar que se llegue a esos niveles de violencia y de intransigencia que, al final, terminan dañando a personas vulnerables y sin recursos.

Este conflicto va a tener una solución, que no dejará totalmente contentos ni a trabajadores ni a empresarios, como ha dicho el ministro de Economía, Waldo Mendoza. Ningún conflicto termina con todo para una parte, como lo saben los expertos en el tema. Pero mientras tanto no podemos caminar hacia el caos porque eso prolonga el sufrimiento para todos.