Cecilia Méndez

Cecilia Méndez

Chola soy
Dra. en Historia por Stony Brook University y Lic. por la PUCP. Prof. Historia y directora del Programa de Estudios Latinoamericanos e Ibéricos de la Universidad de California-Santa Barbara. Autora de La república plebeya, Incas sí, indios no. Ver más: https://www.history.ucsb.edu/faculty/mendez/

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Flores-Galindo: ¿Historiografía o hagiografía?

“La gratitud y admiración que sentía por él no me impidieron discrepar con su propuesta de la ´utopía andina´. De esa discrepancia nació Incas sí indios no: apuntes para el estudio del nacionalismo criollo..”

Recuerdo vivamente la primera vez que lo vi. Sala de Investigaciones de la Biblioteca Nacional, 1980. Lentes de carey, pelo liso, casi rubio, porte alto y jorobado. Había visto su foto en la contratapa de un libro que acababa de publicar con el historiador Manuel Burga. Me atreví a presentarme, yo, una estudiante de segundo año de Historia de la PUCP, estaba haciendo una monografía sobre la sublevación de Rumi Maqui en Puno, en 1916, tal vez podía orientarme. No lo dudó un segundo, y propuso hablar en el hall. Habló de los diarios de debates de la cámara de diputados, de la hemeroteca, de otro libro suyo por salir. Al final me dijo que cuando la termine le mandara mi monografía.

Así era Alberto Flores-Galindo. Escuchaba atentamente, compartía ávidamente lo que sabía, sin importarle que fueras “nadie”. Tito, para sus amigos, fue el historiador peruano más prolífico e influyente de las décadas de 1970 y 1980. Un autor de prosa privilegiada, un renovador del marxismo en la historiografía, un intelectual íntegro.

En aquel tiempo, el marxismo no era bien visto en la especialidad de Historia de la PUCP. Y Tito, que desde sus tiempos estudiantiles en esos claustros, militó en las filas de la izquierda, era persona non grata en ese ambiente dominado por el conservadurismo. Por ello terminó enseñando en Sociología, un “destierro” que en última instancia fecundó a las ciencias sociales. Por ello nunca tomé una clase con él. Pero eso no impidió que fuera mi maestro, el mejor que tuve. Porque lo que aprendí de nuestras conversaciones en su oficina, de las reseñas y artículos que me hizo escribir, y de la manera como destrozó los borradores del primer articulo que me pidió para uno de sus muchos proyectos editoriales, hasta que estuviera bien escrito, formaron los cimientos de la historiadora que soy, más que todas mis clases en la facultad juntas. Además de sus libros, ensayos y reseñas, que leía ávidamente ni bien salían.

La gratitud y admiración que sentía por él no me impidieron discrepar con su propuesta de la “utopía andina”. De esa discrepancia nació Incas sí indios no: apuntes para el estudio del nacionalismo criollo en el Perú, ensayo que terminé en 1992, y fue publicado en 1993. Tito ya no estuvo para responder a esta ni a las muchas otras criticas que sus libros animaron. Un cáncer le arrebató prematuramente la vida en 1990. Mis discrepancias con “la utopía” se mantienen a 30 años de su partida, pero también mi admiración y mi cariño. Por ello, me resulta incomprensible que los homenajes se conviertan en hagiografías, especialmente, tratándose de un intelectual que no le rehuía a la polémica y que escribió: “Discrepar es una forma de aproximarnos”. Esa es la sensación que me deja, en parte, el libro de los historiadores Carlos Aguirre y Charles Walker, Alberto Flores Galindo: Utopía, Revolución que acaba de sacar La Siniestra.

Lo más útil e informativo del conjunto son los tres ensayos de Aguirre, que exploran la relación de AFG con el mundo impreso, con la literatura y con Cuba. El único capítulo firmado por ambos (aparte de una breve introducción) es la introducción a la edición en inglés de Buscando un Inca: toques generales escritos para una audiencia angloparlante, que desgraciadamente no se adaptan a su nueva audiencia. En uno de los dos artículos restantes, firmados por Walker, rescato que este llame la atención sobre los importantes ensayos de AFG en torno a la violencia política.

El otro, referido a la independencia es desconcertante por sus inexactitudes y omisiones. Las referencias a AFG van intercaladas por un listado monocorde y mal hilvanado de “lo que hay que hacer” porque supuestamente no se hizo, o si existe no llega a los pies de altar que se construye en torno a AFG. Se borra de un plumazo los aportes de los últimos años desde las regiones, y hasta libros de peruanxs que han merecido reconocimiento internacional. La pereza intelectual es atrevida. Lxs peruanxs, incluyendo Flores-Galindo, merecemos algo mejor.