Sonaly Tuesta

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Esperanza

“Olinda Arévalo (sabia) me mostró su comunidad shipiba a través de un canto y esa energía de identidad y resistencia ingresó a mi corazón con tanto poder que 18 años después la sigo recordando”.

Cómo reencontrarse otra vez con la esperanza. Cómo seguir el camino si estás cansando y el hartazgo llega y te pasa la factura. Cómo ensayas una nueva propuesta y te asumes tan fuerte que ya no tienes miedo. Cómo respiras hondo: 1, 2, 3, 4, 5 y continúas.

¿Recordarás lo que ha pasado? Por supuesto, para que la historia no se repita. Para que la memoria no falle. Para que se haga justicia.

¿Cómo sostienes tu presente? En lo que amas, en lo que has encontrado en tus paraderos, en lo que la gente te ha dicho y te ha enseñado. Olinda Arévalo (sabia) me mostró su comunidad shipiba a través de un canto y esa energía de identidad y resistencia ingresó a mi corazón con tanto poder que 18 años después la sigo recordando:

Mi voz será de ustedes

Y será de la comunidad donde he nacido.

Esta tierra es nuestra

Hasta el fin del mundo (y más)

Con nuestra fuerza haremos

Con nuestro gran pensamiento

Llevamos la palabra

Llevamos la palabra

La música, la rebeldía

Con la punta de mi lengua

Les canto, les canto.

Con la fuerza de mi voz

Con la fuerza de mi voz.

En esta tierra mi voz termina

Termina mi voz

Terminando mi voz

Y sigo cantando

Y su voz quedó. Como un halo de magia, como las huellas que no desaparecen y te inspiran. Ya decía aquella frase “lo imposible solo demora un poco más”. En el Perú cuando internalizamos el significado de comunidad y solidaridad, de ayni, de minga, de reciprocidad, los demás también nos importan. Nos respetamos, nos enternecemos, somos empáticos.

¿Te has preguntado cómo volverás a incorporarte y señalarme el camino?

¿Te has dado cuenta por qué debo morder la totora desesperadamente y creerme sana?

No. Debes empezar a caminar descalzo y asirte de espinas.

Yo ya lo hice. Por eso subo nuevamente hacia el cerro y no miro hacia atrás.

No quiero voltear la mirada.

Lo haría si alguien asegura que, si me convierto en estatua de sal,

será fácil romper el hechizo.

Detesto estar quieta y ser indiferente.