Marisa Glave

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La oposición está en las calles hasta que te vayas

“Pero el pueblo peruano, golpeado y en uno de sus peores momentos, tiene dignidad y lo demuestra ahora una vez más saliendo a protestar, pese a los riesgos”.

Merino se equivocó al pensar que el principal opositor del bloque conservador-mafioso que se ha gestado en el Congreso, y del cual él es parte, era Vizcarra.

También se equivoca al creer que los grupos políticos que están en el parlamento “representan” al país. Lo que representan es el monopolio de registros electorales. Nuestro problema es la pésima oferta electoral, no la demanda ciudadana.

La ciudadanía movilizada en todo el país ha dicho con claridad que NO ACEPTA la decisión del parlamento. Más allá del debate legal –en el que hay argumentos de peso para señalar la inconstitucionalidad de la vacancia–, esta acción carece de legitimidad y se convierte en un golpe a la gente que lucha por salir adelante en medio de la pandemia. Un golpe a nuestra ya precaria democracia. Un golpe que tiene como único fundamento los intereses subalternos, la soberbia y el desprecio por la gente.

Pero el pueblo peruano, golpeado y en uno de sus peores momentos, tiene dignidad y lo demuestra ahora una vez más saliendo a protestar, pese a los riesgos. Aguantamos un montón de cosas, a veces más de las que debiéramos. Pero hay límites y los que orquestaron este golpe los han pasado.

Este bloque conservador-mafioso, que ha roto el equilibrio de poderes, pretende dar un paso más y elegir a los miembros del Tribunal Constitucional. No se puede permitir. Ya no se trata de si corrigen el reglamento, sacan al congresista Luna de la comisión o reincorporan a candidatos que sacaron arbitrariamente de la contienda. Este congreso se quedó sin ninguna legitimidad para tomar una decisión como esta.

Sin desconocer ni defender las culpas de Vizcarra, Merino tiene altísima responsabilidad en todo lo que está pasando. La tiene de manera directa en la agresiva represión policial. Como se lo han recordado organismos de derechos humanos, no se puede violar derechos fundamentales; la fuerza del orden debe ser proporcional y su accionar no debe servir para amedrentar a la ciudadanía que tiene –constitucionalmente– derecho a protestar y a rechazar el complot detrás de la toma de palacio de gobierno.

Tiene responsabilidad sobre lo que se presente y apruebe en el parlamento, pues sus socios en esta empresa ya empiezan a sacar sus pequeñas agendas, para por ejemplo legalizar la minería ilegal o flexibilizar aún más los estándares ambientales. Y la tendrá sobre ese gabinete, que responde a un grupo ultra conservador que no pudo –y sabe que no puede– llegar al poder vía elecciones y que intentará imponer su agenda a todo costo.

No se equivoque, señor Merino, no es nuestro presidente, y la ciudadanía activa no parará de protestar en calles, plazas o desde las ventanas. Esa es la verdadera oposición.