Ramiro  Escobar

Ramiro Escobar

Meditamundo
Lic. en Comunicación y Mag. en Estudios Culturales. Cobertura periodística: golpe contra Hugo Chávez (2002), acuerdo de paz con las FARC (2015), funeral de Fidel Castro (2016), investidura de D. Trump (2017), entrevista al expresidente José Mujica. Prof. de Relaciones Internac. en la U. Antonio Ruiz de Montoya y Fundación Academia Diplomática.

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Terminó el delirio

Cayó el telón electoral en EE. UU. y ahora viene otro escenario

Confirmado el triunfo de Joe Biden, los reclamos de Trump ya serán inútiles. La fuerza de los números frente a las pálidas acusaciones es aplastante. Ningún juez, por cercano que sea a los republicanos, va a comprarse el pleito de llevar estas demandas sin fundamento hasta el infinito, mientras las calles ya celebran, y los reconocimientos llegan del exterior.

Aun así, es probable que, como ya se ha señalado en algunos medios, el último tramo de Trump sea más áspero, turbulento, o hasta vengativo. Tiene un margen de tiempo para cometer desvaríos, y allí es central el papel de los otros líderes republicanos, sobre todo de los que no se compraron su absurda obsesión electoral, salvo que quieran enterrar al partido de Abraham Lincoln.

Biden volverá al Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático; a la OMS, desde el país más golpeado por la pandemia; a la UNESCO, para no despreciar más a los artistas y científicos. Ya no habrá un negacionista de la ciencia en la Casa Blanca, lo que implicará un respiro para los ciudadanos, las universidades e incluso para los ecosistemas de EE. UU.

Lo anterior no significa, en modo alguno, que el ‘gran país’ renuncie a su papel hegemónico. Biden es distinto, pero seguirá apuntalando ese papel. Pero tal vez lo haga poniendo otros énfasis, precisamente, para diferenciarse de su impresentable antecesor. No creo que insinúe una intervención militar en Venezuela, ni que maltrate las relaciones con Cuba. Medirá su presencia en Oriente Medio, y cuidará sus relaciones con China. Probablemente, vuelva al acuerdo nuclear con Irán. Trump le puso la valla muy alta de la aspereza, la grosería, los malos modales internacionales. Tiene que bajarla para que se sienta que valió la pena votar por él, no sólo por desesperación.

El tema de la pandemia será una prioridad. Ninguna potencia mundial puede ser tan descaminada como para tener más de 230.000 muertos y 9 millones de contagiados a pesar de tener recursos médicos. Biden ya ha dicho que enfrentará el problema, con mascarillas y acaso con confinamientos, lo que quizás provoque tempestades sociales y políticas. El negacionismo variopinto sigue allí.

El ‘trumpismo’, a mi juicio, no desaparecerá con Trump, así como el fujimorismo no desapareció con Alberto Fujimori. Es un sentimiento que proviene de una cultura extendida en varias partes del territorio de EE. UU. Quizás se encarne en otro personaje, o, de pronto, él mismo Trump lo alentará. Él no surgió de la nada, sino de una crisis sistémica, de una cultura que, entre otras cosas, no aguantó a un afroamericano en la presidencia y a que el rostro de su país cambie de manera irreversible. Por eso era el ‘make America great again’, que algunos entendían como el ‘make America white again’...

Profesor de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya