Roberto Ochoa

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Ese secreto que tienes conmigo

“Me refiero a ciertos detalles técnicos: en algunas escenas parecen huaqueros más que arqueólogos...”.

Dirán que soy un pincha globo, pero es mi deber reconocer mi desilusión por la “fastuosa” (así, entre comillas) ceremonia de reapertura de Machupicchu.

La verdad es que esperaba algo más original como, por ejemplo, documentar en un cortometraje la experiencia vivida por ese turista japonés que el 13 de marzo se quedó varado ocho meses en Aguas Calientes y al que vimos chino de felicidad recorriendo la llaqta inca convertido en el primer turista en visitarla luego del confinamiento. Daba para un corto, pero con la debida gestión para su difusión en plataformas de alcance mundial como Netflix, HBO o Apple TV. La ceremonia armada en Machupicchu, empero, fue transmitida por canal 7.

Y hablando de Netflix y de estrategias para resucitar el turismo, también debo reconocer mi decepción con el documental egipcio ‘Los secretos de la tumba de Saqqara’. Me refiero específicamente a ciertos detalles técnicos: en algunas escenas parecen huaqueros más que arqueólogos, pero hay que ser condescendiente, pues se trata de un documental con escenas armadas específicamente para motivar su principal potencial turístico. Tanto así que hasta acuñaron una nueva profesión: la egiptología.

Lo cierto es que se me llenan los bolsillos de envidia (Manolito dixit) cuando veo las campañas de promoción turística egipcias. Hasta se dan el lujo de tener una reserva de sarcófagos y tumbas recién “descubiertas” para difundirlas cuando algo afecta la presencia de turistas.

Sin embargo, a diferencia del Perú, los egipcios la tienen clara a la hora de apostar por la arqueología como su imán turístico. Incluso, acaban de inaugurar su Gran Museo Arqueológico Egipcio, mientras que aquí, en el Perú, el esperado Museo Nacional de Arqueología (el único monumento de importancia para celebrar el Bicentenario) ya perdió su cualidad arqueológica y lo acaban de reconvertir en un simplón Museo de la Nación, siguiendo el adefesiero modelo impuesto por Alan García. Pobre Perú.