Augusto Álvarez Rodrich.

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Hoy el pasado condena más que antes

Políticos que no se controlan y luego hacen gran ridículo.

El bochorno de Hernando Guerra García por decirle zamba canuta a Keiko Fujimori en la elección 2016, y en 2021 ser su jefe de plan de gobierno y encabezar la lista fujimorista al congreso repone la importancia de ‘tener cuidado con lo que dice’, especialmente si las redes hacen que el pasado condene más que antes, y cuando los políticos cambian de etiqueta como de camiseta.

Pero las palabras, como los tuits, quedan y no se las lleva el viento: “Keiko es difícil que elabore muchas propuestas, nunca ha gerenciado nada en su vida”; “¿qué se puede esperar de quien le dio la espalda a su madre?”, y hasta el bumerán “el fujimorismo tiene predilección por la corruptela, siempre selecciona tipos con rabo de paja en sus filas”, le disparó Nano.

Ahora Guerra García dice que, después de conocer a Keiko, se dio cuenta de que “estaba equivocado”, en cuyo caso no queda mejor, pues parece un boca floja o un entusiasta de Marx, pero no de Carlitos sino de Groucho con eso de “estos son mis principios, si no te gustan tengo otros” según la circunstancia y, sobre todo, la conveniencia personal.

Guerra García no está solo en este club. Ejemplos abundan y acá van dos: Lourdes Flores acusó a Alan García de ladrón y luego fueron ‘compañeros’ de plancha. Y Daniel Abugattás –cuya lengua es más rápida que su seso y la acomoda, a lo Ortega y Gasset, a él y a su circunstancia, pues luego de agraviar de lo lindo con bastante mala leche a César Acuña ahora ‘finge demencia’ para pasar piola en la lista de APP-.

La prudencia es clave, pues, como se sabe, el pez por la boca muere. Un querido amigo cura me dio una vez un buen consejo: si no quieres que algo se sepa, mejor ni lo pienses. Pero eso no es fácil para políticos que se ganan la vida hablando y, por supuesto, insultando.

Les valdría recordar a Aristóteles por “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”, o a Mark Twain por “es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda”. Y por qué no a Sigmund Freud: “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”. Pero conociendo a nuestra flora y fauna local, quizá Woody Allen sea más oportuno: “Si los seres humanos tuviésemos dos cerebros, seguro que haríamos el doble de tonterías”.