Diego García Sayán

Diego García Sayán

Atando cabos

Más del columnista

Diego García Sayán

...Y se llaman “patriotas”Jueves 14 Ene 2021 | 9:16 h

Diego García Sayán

La vacuna: la desigualdad de siempreJueves 31 Dic 2020 | 8:35 h

Diego García Sayán

Partidos políticos: ¿a dónde nos lleva su colapso? Jueves 17 Dic 2020 | 12:50 h

Diego García Sayán

Constitución: no reinventar la ruedaJueves 03 Dic 2020 | 10:06 h

El 3 de noviembre y una pesada mochila

“La mochila pesada de las presuntas ilegalidades de Trump, a quien estarían esperando los tribunales. Pero no para contar votos sino para juzgarlo. Eso en caso de perder...”.

Muy distinta esta elección presidencial estadounidense a la de cualquier otra que se pueda recordar. Gracias a Trump. Por su visceral agresividad en la campaña electoral, la insinuación de no reconocimiento de resultados y por lo que podría venírsele encima por la acción de la justicia al actual presidente de confirmarse que perdió la elección.

Hubo campañas intensas antes, sí, pero en las que no se amenazaba persistentemente con desconocer los resultados si eran desfavorables. Si al final los tribunales decidieron el triunfo de Bush sobre Gore hace 20 años, ello no ocurrió en un clima que se amenazaba con el desborde o con milicias de supremacistas blancos, tan estimulados por el Trump de ahora.

Ceñirse a las reglas de juego, paradójicamente, tiende a ser algo normal hoy en nuestra América Latina, antes tierra fértil de golpes de Estado y de elecciones fraudulentas (¿se acuerdan?). Los recientes resultados electorales en Bolivia fueron rápidamente acatados por Carlos Mesa; quienes en Chile piensan que no debe modificarse la Constitución se aprestan ya a participar en la Constituyente aprobada en plebiscito. Son, pues, otros tiempos.

Por el momento, ya tenemos las bravatas de Trump que se temían. Empezando por hablar, sin fundamento, de fraude, pretender –ilegalmente– que se pare el cómputo –¡cuando faltan millones de votos por correo sin contar!– y que todo pase a manos de la Corte Suprema. Arroja leña al fuego y abre impredecibles rutas de incertidumbre y de más polarización. Habrá que ver cómo se desenvuelve todo en los próximos días.

Junto al inconcluso cómputo, se plantea otro asunto muy sensible en el panorama institucional: la mochila pesada de las presuntas ilegalidades de Trump a quien estarían esperando los tribunales. Pero no para contar votos sino para juzgarlo. Eso en caso de perder, dada la inmunidad de la que gozan los presidentes en ejercicio en EE.UU. Procesos en camino sobre un gran abanico de casos acerca de los cuales se informa en detalle en el New Yorker de esta semana.

Dos de las investigaciones vienen siendo conducidas por el poderoso fiscal de Manhattan Cyrus Vance Jr, hijo del emblemático Secretario de Estado de Jimmy Carter del mismo nombre. Tienen que ver con asuntos penales derivados de controversiales actividades empresariales y financieras así como de pagos ilegales a su anterior campaña. Por estar fuera del ámbito federal, no podría recibir Trump el beneficio de un eventual indulto presidencial.

A Trump se le estarán cumpliendo en los próximos cuatro años, además, los plazos para la cancelación de gigantescas deudas que pondrían a su patrimonio de cabeza: más de 300 millones de dólares que ha garantizado personalmente y que fueron “pateados” para adelante. Vencen pronto. Entre los acreedores, el Deutsche Bank, que en su disciplina germana no tiene imagen de gran flexibilidad frente a sus deudores, especialmente si son millonarios (o fungen de serlo…). Cierto que Trump ha sobrevivido ya a 26 acusaciones de agresión sexual y a 4,000 juicios, pero lo que le vendría es pesado.

Vencerían –también dentro del siguiente cuatrienio– otras deudas derivadas de negocios inmobiliarios del orden de 900 millones de dólares adicionales. Para pagar todas estas deudas tendría que liquidar parte de su patrimonio inmobiliario; grande, sí, pero ya muy golpeado por la pandemia que no intentó controlar y por su rol divisivo en el país.

Que Trump pretenda patear ahora el tablero, poner patas arriba el país y buscar rutas –los tribunales– para soslayar la voluntad electoral, es algo que se preveía. Lo que la información del New Yorker añade al escenario no es poca cosa. A la consideración de continuar ejerciendo el poder se añadirían procesos judiciales de consecuencias patrimoniales y hasta penales. Consideraciones todas que anuncian varios días de tensión.