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El cambio en Bolivia y Chile

Todavía falta un largo camino. Como dice Juan Pablo Luna: “El voto de ayer era un voto ‘fácil’, porque era contra el sistema. Fue un voto destituyente”. Lo que viene es más difícil...

Recuerdo setiembre y octubre de 1970 y el triunfo de Salvador Allende. La emoción y las expectativas en América Latina por tener un gobierno socialista eran grandes. En el verano de 1973 llegaba a Chile para continuar mis estudios de sociología en la universidad de Concepción, al sur de Santiago. Cuento esto porque en el tiempo que viví en ese país las manifestaciones eran muy diferentes a las que hoy hemos visto luego del plebiscito. En ese entonces eran masas contra masas que se enfrentaban violentamente en las calles.

Hoy los festejos en ese país, debido al triunfo apabullante de aquellos que pedían una nueva Constitución, se parecen mucho a los de setiembre y octubre de 1970 cuando cientos de miles de chilenos celebraban lo que se creía el advenimiento del socialismo. Sin embargo, hay una imagen que resume el nuevo ánimo de las y los chilenos: un joven borrando el cartel que te indicaba que estabas en la avenida Jaime Guzmán Errázuriz, un conocido abogado ultraderechista que participó en la redacción de la Constitución pinochetista y que fue asesinado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez en 1991, y renombrándola como Plaza 25 de Octubre en referencia al día del plebiscito. Es como cambiar los nombres de los meses y anunciar el inicio de un nuevo calendario y un tiempo radicalmente distinto al pasado.

Por eso creo que, simbólicamente, en Chile han vuelto a setiembre de 1970. Todavía falta un largo y complejo camino para concretar el cambio. Como dice Juan Pablo Luna: “El voto de ayer era un voto ‘fácil’, porque era contra el sistema. Fue un voto destituyente”. Lo que viene es más difícil: “Transformar un movimiento destituyente en una Convención Constituyente”.

Chile ya no puede ser gobernado, dice Luna, por las tres comunas (distritos) de Santiago donde vive la elite económica, que votó por el no; por lo tanto, se requiere un nuevo pacto entre los grupos y clases sociales ya que como dice Ian Vásquez del neoliberal Instituto Cato: el resultado del plebiscito “marca el fin definitivo del milagro chileno” (El Comercio: 27/10/20). Otro tema es cómo lidiar con una “clase política” (y también una élite económica) tanto de izquierda como de derecha que también ha sido golpeada y que posiblemente busque convertir este triunfo constituyente en un “momento gatopardiano” (que todo cambie para que todo siga igual). La segunda votación del plebiscito que aprobó que sea una Convención Constituyente ciudadana y no mixta (es decir, mitad ciudadana y mitad con los actuales congresistas), es un mensaje directo a los viejos partidos y a las propias élites. Otro tema, difícil, por cierto, será cómo cambiar el modelo económico; y, finalmente, cómo superar la actual división del progresismo.

Si comparamos esta situación con lo que hoy vive Bolivia luego del triunfo indiscutible del MAS en las últimas elecciones podemos establecer algunas diferencias. Una de ellas es que el momento constituyente en Bolivia se produjo en el 2005 cuando Evo Morales ganó por primera vez las elecciones con más del 50% de los votos. Hoy. El triunfo del MAS y de la dupla Luis Arce y David Choquehuanca no solo ratifi ca ese momento constituyente sino también que lo potencia y anuncia, al mismo tiempo, la derrota de una derecha que intentó todo para ganar: desde el golpe de Estado hasta las elecciones. Y si bien se puede decir que el MAS no es un movimiento homogéneo y que tiene, además, que resolver el nuevo papel de Evo Morales en el gobierno y en el MAS, sus divisiones no son como las que hoy vive el sector progresista en Chile. Bolivia, en realidad, está un paso más adelante que el Chile actual.

En el 2005 en La Paz, antes de las elecciones conversé con Evo Morales. Recuerdo que me dijo: “En este país alguien tiene que perder”. Y creo que eso es cierto. En Bolivia hasta ahora ha perdido la derecha y ha ganado la izquierda, mientras que en Chile están todavía en camino para lograr una más amplia democracia y una mejor sociedad.