Juan de la Puente

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Escenario adelantado de la pospandemia

“El escenario electoral muestra un reordenamiento con menos sorpresas. La regla de la novedad (Forsyth y De Soto) se equilibra con la presencia de los candidatos ya conocidos (la regla de la continuidad)”.

La reciente encuesta del IEP, publicada por La República, expone la transformación del escenario público en el que se reduce el peso de la pugna de Ejecutivo/Congreso muy a pesar de su intensidad y su larga duración, acotada por una opinión pública que se interesa lentamente en las elecciones, pero que continúa poniendo por delante la vida cotidiana, esencialmente la crisis económica. Una percepción similar fluye de la encuesta de Ipsos Perú.

No es la primera vez que lo que estremece a la élite nacional no reviste la misma trascendencia que para los ciudadanos, entendible por la falta de conexión y realismo de la mayoría de los actores y medios de comunicación, aunque también podríamos encontrarnos ante la formación adelantada de un escenario pospandemia donde las crisis “aún no tocan” con claves diferenciadas “arriba/abajo”, “institucional/electoral” o “economía-pandemia/el resto”. Si el discurso oficial traslucía que la gente baile con su pañuelo, eso ya sucede en política y economía.

Dos escenarios

Según la encuesta se aprecia por lo menos dos escenarios, el institucional y el electoral. En el primero no se indaga por la nueva moción de vacancia (el sondeo se realizó entre el 13 y 19 de octubre), pero si el 72% que cree que el primer intento de remoción afectó poco o nada a Vizcarra, permite presumir una sólida mayoría contra aquella (en la encuesta de Ipsos Perú esta oposición es de 78%).

Pero no hay muchas razones para el júbilo. La convicción de que Vizcarra cobró sobornos es pareja (38% cree que sí y 40% que no), lo que parece contrastar con una alta aprobación (60%), incluso superior a la anterior medición. Este es un caso de aprobación escindida, que no puede reportarse como respaldo. En el contexto de la gran depresión peruana, ese porcentaje reúne expectativa, esperanza y hasta el clásico “apoyo crítico” frente a la otra parte del conflicto, el Congreso.

La desaprobación del Congreso aumenta y cae su aprobación que, aún así, es inédita para los registros peruanos (33%), en tanto que, comparado con el anterior, ese Parlamento sigue siendo peor y la mayoría cree que su disolución fue acertada. Si alguien cree que estos datos significan un castigo ciudadano masivo a este Congreso, extrema la conclusión (en la encuesta de Ipsos Perú la aprobación del Parlamento aumenta 8 puntos, inclusive). El pacto Merino-Antauro puede cambiar esa percepción.

La crisis parece haber sido racionalizada por la opinión pública que supera –en realidad utiliza– el conflicto de poderes: critica la vacancia, se mantiene a la expectativa respecto a otras acciones del Congreso o las avala (pensiones, por ejemplo) y acota el margen de maniobra de Vizcarra: la mitad cree que es el más perjudicado por una pugna que ha secuestrado la agenda pública.

Las razones de este comportamiento lejano no son novedad: la mayoría sigue pendiente de la pandemia (75% recela de un rebrote) y teme el contagio (más del 80%, como en junio), aunque le pide poco al Estado (la mitad cree que el manejo de la pandemia por el Gobierno solo fue regular). Respecto a abril se ha duplicado el porcentaje de quienes trabajan (25% a 52%, con registros bajos en el Perú rural) y ha caído el número de personas que no tienen trabajo (de 31% a 20% en el mismo período). El 59% cree que su situación económica es regular y el 35% que es mala o muy mala, pero la vida sigue. Es la resiliencia.

Primeras claves

El escenario electoral muestra un reordenamiento también adelantado con menos sorpresas de las esperadas. La regla de la novedad (Forsyth y De Soto) se equilibra con la presencia de los candidatos ya conocidos (la regla de la continuidad). El ultraindependentismo ha sido frenado por el elenco (in)estable.

La foto está movida, los actores se acomodan en la escena, pero se tienen claves: 1) Las adhesiones crecen, los candidatos que podrían superar la valla superan el 60% y se reduce el número de quienes no escogen a nadie (20%); y 2) Forsyth, Acuña y Guzmán se estancan arriba y abajo, V. Mendoza y H. de Soto suben, e irrumpe Lescano.

Más de la mitad de quienes anotan una intención de voto en el primer pelotón se inclinan por una opción de centro. Es el primer resultado de la despolarización relativa y la fragmentación de la derecha; en este sector se instalan Fujimori, De Soto y Urresti, aunque este asume con rapidez un cariz populista. La única candidata posible de la izquierda es Mendoza; parece tarde para que sea desafiada desde una posición extremista por un aspirante que no aparece en la escena.