Marisa Glave

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Un tema de derechos, no de conciencia ni de alcoba

“En un día, más de 70 mujeres son violadas y el 85% son menores de edad. En un solo día. En el Perú, en promedio, tres mujeres por hora son forzadas a tener relaciones...”.

Las lamentables declaraciones de la ministra Sasieta, sobre el aborto de niñas violadas –varias sistemáticamente– y la adopción de niños por parte de familias LGTBI+, han generado el rechazo de cientos de organizaciones de sociedad civil que le exigen retractarse.

Incluso ha motivado el pronunciamiento público de la Defensoría del Pueblo, que le recuerda a la ministra que el Estado debe atender de manera integral la salud de las niñas, las adolescentes y de las mujeres víctimas de violación; incluyendo la entrega inmediata del kit de emergencia, que contiene la pastilla de anticoncepción oral, así como una evaluación clínica y sicológica en el marco del protocolo de aborto terapéutico.

En un día, más de 70 mujeres son violadas y el 85% son menores de edad. En un solo día. En el Perú, en promedio, tres mujeres por hora son forzadas a tener relaciones sexualmente contra su voluntad. Dos de ellas son niñas. Esa es la terrible y violenta realidad de las mujeres y en particular de las niñas en nuestro país.

Solo en lo que va del año, 767 niñas menores de 14 años –por favor, hagan una pausa y recuerden lo que es tener menos de 14 años– fueron obligadas a continuar con embarazos producto de violación.

Son niñas, no son madres.

Los cuerpos de las niñas tienen cuatro veces más riesgos durante el embarazo y pueden perder la vida en el parto. Muchísimas terminan con secuelas graves en su salud física y mental. Niñas que han sido violadas sistemáticamente y que quedan embarazadas entre los 12 y 14 años tienden a tener pensamientos suicidas, a disociarse de su cuerpo y a generar cuadros de depresión graves. El posible daño a la salud mental de las niñas, así como a su salud física, es razón suficiente para la aplicación del aborto terapéutico. Ese derecho lo tenemos desde 1924. Nos costó años tener un protocolo que lo garantice. Lo obtuvimos recién en el 2014, después de ganar procesos internacionales contra el Estado peruano por negarles a niñas y a mujeres este derecho. Señora Sasieta, no vamos a retroceder, nos ha costado mucho, y le pedimos que defienda nuestro derecho y no lo reduzca a un tema de conciencia.

Y la opción de adoptar de la comunidad LGTBI+ no es un tema de alcoba. Es reconocer la posibilidad de formar familias, garantizar entornos de cariño y cuidado para niños que fueron abandonados. Su declaración agrede a una comunidad que viene luchando por el reconocimiento de ese derecho.

Al momento de escribir esta columna, la ministra Sasieta seguía sin retractarse. Por respeto a la cartera que representa y a su trayectoria personal, espero que no demore más en hacerlo. Si no es capaz de asumir el peso de la defensa de las mujeres, en particular de nuestras niñas, entonces que renuncie.