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Diez años del Nobel

Anunció la entrega al escritor nacido en Arequipa por su “cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia...”.

Una mañana, hace exactamente diez años, entró una llamada de la oficina: «Mario Vargas Llosa acaba de ganar el Nobel».

Al día siguiente, luego de algunas coordinaciones, me embarqué rumbo a los Estados Unidos. Vargas Llosa dictaba un curso en la Universidad de Princeton y fuimos a buscarlo a Nueva York. Todavía trabajaba para la televisión y me acompañaba Julio Mathews, mi camarógrafo.

Tuvimos la buena suerte de encontrarnos en la fila del aeropuerto con un grupo de amigos que, justamente, viajaban para visitar al flamante Premio Nobel. Mientras conversábamos, me dijeron que ya tenían planificada una caminata a la mañana siguiente. Vargas Llosa hacía lo posible para que el premio de mayor resonancia de la literatura mundial no quebrara, al menos, esa porción de su rutina.

Quise aprovechar ese golpe de suerte y les pregunté si podíamos acompañarlos. Les pareció una buena idea y quedaron en consultarlo. Recuerdo que era cerca de la medianoche y estábamos en un oscuro deli del Midtown de Manhattan, comiendo unos sándwiches de pastrami del tamaño de nuestra hambre, cuando me telefonearon para avisarme que estuviéramos a las siete de la mañana en la puerta de su edificio.

Fue una memorable caminata de una hora alrededor del Central Park, donde conversamos de literatura, de la certeza que Vargas Llosa tenía de que nunca le entregarían el Nobel, del temor por el impacto de la sobrecarga de compromisos que vendría, que podría robarle todo su tiempo para leer y escribir, y fosilizarlo en vida.

Han pasado diez años desde esa fecha y ese pronóstico no se ha cumplido. Vargas Llosa ha seguido publicando artículos, novelas y libros de ensayo como el reciente «Medio siglo con Borges». Prueba de su dimensión y enorme vigencia fue la Feria Internacional del Libro de Lima 2019, dedicada íntegramente a su obra, que llevó por título: «Universo Vargas Llosa».

Este jueves, junto con el Instituto Cervantes y la Fundación para la Libertad, la Cátedra Vargas Llosa organizó un homenaje por esta primera década transcurrida desde aquel 7 de octubre de 2010, cuando Peter Englund, secretario de la Academia Sueca, anunció la entrega del premio al escritor nacido en Arequipa por su «cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo».

El homenaje, que se cerró con un diálogo entre Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro, incluyó los testimonios de numerosas personalidades, para quienes la vida y obra del único Premio Nobel de Literatura en español vivo han sido especialmente decisivas, como la escritora Nélida Piñón, el filósofo Fernando Savater, el director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, o sus hijos Morgana y Gonzalo. Como dijo Javier Cercas en su intervención: «Cualquier escritorzuelo puede ganar el Premio Nobel, pero solo Vargas Llosa ha podido escribir lo que ha escrito. Es más fácil ganar el Premio Nobel que ser Vargas Llosa».