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Ministerio de Cultura vs. SwingJueves 08 Oct 2020 | 12:38 h

Ministerio de Cultura vs. Swing

“Más ofende el hecho de que estas personas que trabajan en el Ministerio de Cultura hayan sido arrinconadas a una situación que avergüenza a sus familias y amigos”.

Por: Diana Álvarez Calderón

Durante la estadía de François Hollande, presidente de Francia, en Perú, visitó el Ministerio de Cultura y manifestó que lo consideraba como el más importante del país. ¿Qué diríamos ahora? Pobre ministerio de Cultura.

Para todos los que hemos trabajado con Mauricio Salas o Diana Tamashiro, por mencionar algunos de los nombres de personas que hemos conocido en el sector público, nos resulta doloroso verlos pasar por la situación de ser apresados por la fiscalía y tratados como se trata a delincuentes comunes.

Más ofende el hecho de que estas personas que trabajan en el Ministerio de Cultura hayan sido arrinconadas a una situación que avergüenza a sus familias y amigos.

¡Ministerio que ha sido tratado de la peor manera en estos últimos años!

Es una falta de respeto para el Perú que se define a sí mismo como un centro que concentra maravillas en materia de culturas, tradiciones, textiles, comida, artesanos, músicos, danzantes, productores de películas, escritores y gente valiosa que se ha dedicado a difundir nuestra riqueza con mucha dificultad y pocos recursos, el haberlo usado de cajón de sastre para producir un desfile de ministros a los que ni siquiera se les dio el tiempo suficiente para que pudieran desarrollar una gestión aunque fuera modesta.

El lema del Perú cuando participó en la Feria del Libro de Bogotá fue: “El Perú, una maravilla en cada página” y de pronto, como una maldición, nos cae una mala palabra: SWING.

Me he preguntado muchas veces: ¿de dónde salió? ¿Cómo apareció en el Ministerio de Cultura? ¿Cómo es que se consiguieron ese lío? Con la sobriedad que caracteriza a los funcionarios del sector, solo puede haber llegado por presión e imposición.

Fui educada en la convicción de que lo más difícil en la vida era saber decir: ¡no! Y en el servicio público: ¡dos veces no! Manejando los impuestos de nuestros compatriotas, nuestro deber y mandato es que no nos inclinamos ni ante el poder ni ante el dinero.