Marisa Glave

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Consumo sí, ciudadanía no

“El verano está a la vuelta de la esquina. Ojalá nuestras autoridades entiendan que la política de rejas en espacios públicos, como las playas, es contradictoria...”.

Ese parece el lema que promueven Vizcarra y su equipo y que ha asumido disciplinadamente la mayoría de alcaldes. Se trata de evitar un derrumbe mayor de nuestra economía, promoviendo al máximo las opciones de consumo que tengamos, con complejos protocolos de seguridad, pero a costa –¿paradójicamente?– de reducir nuestro ejercicio ciudadano.

El estado de emergencia, vigente desde marzo, restringe los derechos al libre tránsito y a la reunión. Derechos que solemos ejercer en el espacio público. En las calles, las plazas y parques, en las playas. En lugares que son, o debieran ser, de todas y todos, sin discriminación.

La calidad de nuestra ciudadanía es proporcional a la de nuestros espacios públicos y al uso que podamos hacer de ellos. Borja sostiene que “el espacio público es a la vez condición y expresión de la ciudadanía, de los derechos ciudadanos… sin espacios públicos integradores, la democracia se pervierte”. Hoy estamos pervirtiendo seriamente nuestra democracia y nuestros derechos ciudadanos negando a la ciudadanía su derecho a estar y disfrutar de parques o playas.

Tal vez resulta tan fácil la restricción, pues hay un proceso serio de privatización de playas y ningún esfuerzo –ni inversión– para ampliar o mejorar los parques existentes. El 2019 hice una acción de fiscalización con SBN y Contraloría en las playas del sur de Lima. Solo en la provincia de Cañete, decenas de balnearios incumplen la normativa de accesibilidad, privatizando en la práctica el litoral. Lo hacen a vista y paciencia de las autoridades.

La situación de los parques es igual de grave. Para la presentación de los proyectos de ley sobre uso y gestión de espacios públicos que hicimos con Indira Huilca, encontramos que oficialmente en Lima hay 3.3 m² de áreas verdes por habitante, promedio que se reduce dependiendo del distrito. El promedio también se reduce en otras ciudades como Arequipa (2.5 m²), Chiclayo (1.3 m²) o Cusco (1.1 m²), duramente afectadas por la pandemia.

En esta reactivación económica se nos permite –incluso se alienta– ir a centros comerciales, restaurantes y pronto, pues su protocolo ya está listo, a casinos. Es verdad que el presidente ha dicho que estos aún no abren, pero remarcó que lo harán en esta fase de reactivación. Me pregunto cuándo reactivaremos los espacios públicos y la ciudadanía. Así como se elaboran y difunden protocolos para el consumo, exijamos que se hagan protocolos y se difundan para el uso de nuestros espacios públicos, para nuestro ejercicio ciudadano.

El verano está a la vuelta de la esquina. Ojalá nuestras autoridades entiendan que la política de rejas en espacios públicos, como las playas, es contradictoria si a la vez hay una política de promoción de consumo en espacios privados.