Raúl Tola

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Los tres procesos (II)

“Estas semanas han vuelto a recordarnos que estos malos peruanos son capaces de sembrar zozobra y anteponer sus agendas mafiosas al bienestar del país...”.

Escribo estas líneas cuando faltan horas para que el pleno del Congreso vote la moción de vacancia en contra del Presidente Martín Vizcarra. Es imposible saber si –como se esperaba– Vizcarra salvó el trance o si –en un nuevo y sorprendente giro de esta conspiración bufa– la votación se torció en su contra.

A menos de un año del bicentenario de nuestra independencia, ¿cómo es posible que estemos hundidos en semejante dilema?

Cuando el Congreso denegó la confianza a Pedro Cateriano –antecedente directo del intento de vacancia a Vizcarra– escribí un artículo donde intenté responder a esa pregunta: «Durante la última década, nuestro país ha vivido un proceso lento pero consistente, producto del cambio de lógica de los grupos mafiosos que, de vivir en las sombras, al margen de la ley, enfrentados al aparato estatal, decidieron dar un paso adelante para infiltrarlo, coparlo y, finalmente, convertirlo en una de sus puntas de lanza. Ahora es una realidad tangible».

«El gobierno de Martín Vizcarra ha cometido muchos errores, algunos de bulto. Pero crisis políticas como esta tienen otro origen: los tres grandes procesos que concurren durante su gestión: la lucha contra la corrupción del caso Lava Jato, la reforma educativa y la reforma política».

«Siendo vitales para el país, estos enfrentan intereses poderosísimos: las camarillas corruptas investigadas por el equipo especial Lava Jato, las universidades que quieren sobrevivir sin haber aprobado la evaluación de la Sunedu y las cúpulas de los partidos políticos –antiguos y modernos– que ven amenazadas sus prerrogativas por la reforma política».

«Como es obvio, estos sectores no entregarán sus posiciones sin plantear batalla. Es bastante evidente que han confluido y vienen empleando todos sus recursos para defenderse, aspirando a que en el Perú se instaure un estado de las cosas perverso, donde ellos dicten las reglas de juego». «El caso Lava Jato, la reforma educativa y la reforma política siguen adelante, pero basta que una de las arremetidas lanzadas contra estos tres grandes procesos sea exitosa para que se tambaleen. Este es el verdadero problema de fondo que deberíamos atender los peruanos, dejando las demás diferencias en otro plano».

Lo contrario sería capitular, entregar los destinos del país a esta camorra de operadores patéticos y motivaciones siniestras.

Estas semanas han vuelto a recordarnos que estos malos peruanos son capaces de sembrar la zozobra y anteponer sus agendas mafiosas al bienestar del país e incluso a la vida de los peruanos, azotados por la crisis del coronavirus.

Esta idea debería acompañarnos de aquí en adelante, en especial cuando votemos en las elecciones del próximo año.