Marisa Glave

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Una pena más

“... la norma que permitía el retorno a la bicameralidad fue rechazada en el referéndum del 2018, tras el intento del Congreso de incluir una puerta para la reelección”.

Hoy veremos un capítulo más del enfrentamiento entre le Ejecutivo y el Congreso. La tensión entre ambos poderes no es nueva. Ya cambiamos una vez de Presidente en este quinquenio, y también cambiamos ya de Parlamento. Va quedando claro que no es un problema de suplentes, si seguimos con los mismos partidos y bajo las mismas reglas de juego, el resultado seguirá siendo el mismo.

La propuesta elaborada por la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política iba mucho más allá de lo que se presentó y de lo que finalmente se viene aprobando en el Congreso. Aunque discrepo en algunos de sus fundamentos y propuestas, lo cierto es que invitaba a una discusión mayor, no solo sobre el Sistema Político, reformulando requisitos para el reconocimiento de partidos o para la designación de candidaturas, sino sobre el Sistema de Gobierno en el país.

Tenemos un modelo semipresidencial que es difícil de sostener en algunas coyunturas. Intenta combinar elementos de un modelo presidencial y uno parlamentario, combinación que puede resultar en dinamita como ahora. No olvidemos, además, el contexto que “inspiró” a los constituyentes del 93, tras el golpe de Estado y de la hegemonía de un discurso antipolítico fujimorista, el CCD permitió precarizar al poder legislativo, eliminando, entre otras cosas, la bicameralidad. En compensación mantuvo –incluso agravó– algunas de las figuras de control político que pueden desestabilizar el funcionamiento del Ejecutivo.

Recordemos que esta relación Ejecutivo-Legislativo entró en debate en el primer paquete de modificaciones constitucionales presentadas por el presidente Vizcarra tras el escándalo de los Cuellos Blancos y su posible relación con actores políticos. Pero la norma que permitía el retorno a la bicameralidad fue rechazada en el referéndum del 2018, tras el intento del Congreso de incluir una puerta para la reelección.

Siendo claro que esta tensión no es menor, resulta ya evidente que fue un error de Vizcarra no buscar alguna alianza política para asegurar en el Parlamento algún nivel de apoyo en su último año de gestión. El Presidente no puede actuar como si no existiera el Congreso o que existe solo para enfrentarlo. La lógica de la polarización ya no le trae réditos políticos. Y la decisión del Tribunal Constitucional, de negar la medida cautelar frente al proceso de vacancia en curso, lo obliga a rediseñar su estrategia si realmente quiere llegar al 28 de julio próximo.

Es poco probable que la vacancia prospere hoy, pero sigue siendo una posibilidad. Pase lo que pase, el Presidente queda herido, el Congreso también y en medio, una sociedad golpeada por la pandemia que mira con mayor desafección a la democracia.