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Las dos conspiraciones

“Las grabaciones, su delivery y la presencia de otros actores de la escena palaciega denotan la explosión inducida del equipo más importante del Gobierno...”

Comparto cuatro tesis resumidas que podrían ayudar a la comprensión de la crisis en apariencia súbita, pero quizás providencial para los propósitos de conjurar algunos males de la república.

1.- La revuelta. La actual revuelta parlamentaria es la cuarta del período iniciado en 2016 (las otras tres son la vacancia de 2017, la vacancia y renuncia de 2018 y elección del Tribunal Constitucional de 2019) y como las anteriores refleja el agotamiento del modelo de relación de poderes que establecieron las constituciones de 1979 y 1993 y que al horadarse ha perjudicado más al Ejecutivo que al Congreso.

Este límite no reside, exclusivamente, en la falta de apoyo parlamentario del Gobierno, sino en la ruptura del equilibrio por el vaciamiento de la representación. Este sistema adolece de mayor cooperación y de un control político eficaz, reemplazado por iniciativas rupturistas como la dinámica entre cuestión de confianza vs. vacancia.

A las revueltas señaladas debe añadirse una intensa experiencia constitucional, inédita y extraordinaria en el período citado, en la que las salidas han demorado o el TC debió arbitrar la disputa.

2.- Los dos operativos. Los datos disponibles indican que en el Congreso la revuelta es más temeraria que las anteriores, un operativo que calza en la figura de un golpe de Estado parlamentario. Que la trama haya sido chapucera no anula el intento.

No obstante, no puede perderse de vista la otra conspiración en el nivel más alto del Ejecutivo, lo que no debe subestimarse con el argumento novelero de dos mujeres peleándose por la atención del presidente. Las grabaciones, su delivery y la presencia de otros actores de la escena palaciega denotan la explosión inducida del equipo más importante del Gobierno. Falta saber la magnitud de esta escena.

No olvidemos que en el poder, la traición es desamor y también una forma lamentable de hacer política. En los altos dignatarios no todo lo personal es íntimo; nada más personal que el respeto al interés público.

3.- La responsabilidad de Vizcarra. Es cierto que no se habría desencadenado la crisis si el Congreso no iniciaba el procedimiento de la vacancia, pero no es menos cierto que el presidente ha colocado en esta crisis una cuota de responsabilidad que debe ser enjuiciada.

Él es objeto y sujeto. La mejor defensa del presidencialismo -el único sistema que en esta etapa garantiza la gobernabilidad- es una presidencia eficaz. Los datos indican que, como en el pasado que se procesa judicialmente, se ha usado el poder de esta institución para construir una presidencia precaria y estrecha, exageradamente íntima, sin equipo y sin solvencia, ya no solo sin aliados y sin partido.

La presidencia fue deconstruida en nuestras narices desde el año 2016. El sueño del presidente independiente tan alabado desde los años noventa ha terminado en una presidencia solitaria y luego abandonada. Se agrega ello al riesgo que significa esta trama para la seguridad de la presidencia.

4.- La coalición vacadora. Es significativa la brecha entre algunas bancadas y sus partidos. El divorcio tradicional se ha ensanchado y se ha transformado en autonomía total, más pronunciada en Acción Popular y Alianza para el Progreso (¿alguna autocrítica de los propulsores de la no reelección parlamentaria?), de modo que no se descarta que el leitmotiv de la vacancia sea más simple, el deseo de un grupo de congresistas de extender su mandato algunos meses.

La coalición vacadora no se ha disuelto y no piensa en las elecciones de abril del 2021. La independencia operativa de los legisladores es un nuevo estadio de la crisis de cara al futuro. Nos espera un Parlamento de extraordinaria autonomía en todos los campos de su actividad. A la hora de escribir estas líneas, con la decisión del TC que deja vía libre a la vacancia, esta es todavía minoritaria. Tienen tiempo.

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