Mirko Lauer

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De una vez

“A todos los partidos del Congreso les conviene retirar a Manuel Merino de su presidencia. El principal efecto sería reforzar la idea de que el conato de golpe fue asunto de esa presidencia, y no del conjunto de los parlamentarios”.

A todos los partidos del Congreso les conviene retirar a Manuel Merino de su presidencia. El principal efecto sería reforzar la idea de que el conato de golpe fue asunto de esa presidencia, y no del conjunto de los parlamentarios. Lo cual refrescará la imagen del Legislativo y le dejaría las manos libres para retomar el impulso a sus intereses políticos.

Además se mitigaría el fracaso de los 65 apresurados votos que apoyaron la moción de vacancia de Martín Vizcarra. Con un retiro adicional de Edgar Alarcón de la presidencia de la comisión de Fiscalización, quedaría un Congreso con apariencia de reorganizado. De otro modo la crisis en el hemiciclo se prolongará hasta el 2021.

Merino en su presidencia se convertiría en un permanente recordatorio del complot fallido. Ya viene demostrando una cierta incapacidad de quedarse callado, con lo cual el debate en torno al Congreso pronto quedaría reducido al monotema de Merino defendiéndose, y dedicado a buscar defensores entre los colegas más incautos.

Podemos imaginarlo cometiendo nuevos errores 24/7, los cuales le complicarán la vida a muchos más congresistas de los que imaginamos ahora. Mientras tanto el compinche Alarcón guarda una cautela que ayuda a entender por qué ha sobrevivido política y judicialmente a tantas acusaciones en estos años.

La propuesta de censura a Merino ya está sobre la mesa. Pero con la velocidad a la que vienen apareciendo nuevas noticias espectaculares, quizás muchos se sientan tentados a tomarse un tiempo antes de dar ese paso. Por ejemplo, pueden esperar la votación del próximo viernes, que por sí sola lapidará a Merino, y facilitará las cosas.

Aunque liquidar a Merino y a Alarcón resolvería los asuntos del pasado reciente, pero no todos los del futuro inmediato. Se necesitarían nuevos acuerdos entre las bancadas, lo cual significaría a su vez coincidir en una posición frente a un Vizcarra debilitado, como probablemente lo mostrarán las próximas encuestas de aprobación.

Quienes se manifestaron, temprana o tardíamente, en contra de la vacancia constituyen hoy un amplio bloque de facto en el Congreso, y en consecuencia podrán tener un papel importante en la elección de su nuevo presidente. Un inesperado nuevo comienzo, quizás con un nuevo reparto de las cartas políticas.