Diego García Sayán

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Colapso que llama al mundo

“Enfrentar la crisis global ahora y reconstruir lo desandado requerirá una respuesta también global”.

A quienes estamos vivos nunca nos había tocado un desastre económico y recesivo como el que hoy azota al Perú y a casi todo el planeta. La peor caída de la economía mundial desde la Gran Depresión de hace 90 años con indicadores globales, regionales y nacionales terribles en todos lados.

¿Qué sobre América Latina? Caerá, en promedio, al menos 9,9% en los enfoques más optimistas. En el Perú se ha disparado el desempleo a más del 50% de la PEA, tragedia social que no se vio ni siquiera durante el primer gobierno de Alan García. A las derivaciones del Covid-19 tendrá que agregar la más grande crisis migratoria con más de 5 millones de venezolanos que han emigrado.

Coincide el desastre con el peor momento de disrupción de los tejidos de integración y cooperación recíproca regional; cada cual baila con su pañuelo. Así no se saldrá de esta crisis. ¿Cómo enfrentar la multiplicidad de efectos nefastos en millones de familias peruanas? Hay respuestas internas en dos frentes: recursos fiscales para subsidios (¡sólo se ha dado uno!) y la inversión privada frenada por la recesión). Insuficiente.

A una pandemia sin fronteras y sus efectos, sin embargo, las respuestas –económicas y en la salud– también tienen que serlo. Enfrentar la crisis global ahora y reconstruir lo desandado requerirá una respuesta también global. Una suerte de “plan Marshall”, como con el que se reconstruyó Europa luego de la II guerra. Por ahora sólo Europa viene avanzando –para sí misma– con el fondo de 700 mil millones de euros que se acaba de crear.

A falta de iniciativas gubernamentales sostenidas, en las últimas semanas las cabezas de los principales bancos multilaterales han planteado enfoques que los gobiernos deberían considerar ya. Tres ideas.

Primero, respuestas ambiciosas de los mecanismos financieros multilaterales: políticas, planes y recursos de emergencia de la banca multilateral (BM, BID y CAF). Dentro de esto, por cierto, el BID no puede ser convertido en “ring” de box –nunca, pero, menos, ahora– por la administración Trump cuyo candidato para presidirlo acaba de agraviar al canciller de Chile (“anticuado”, le espetó). La elección del presidente del BID debe postergarse para después de las elecciones estadounidenses, como ya lo han planteado correctamente Europa –también accionista del BID–, Argentina, Chile, Costa Rica y México ya lo plantearon. El Perú aún no se ha pronunciado.

Segundo, recuperar el sentido de una integración regional pragmática y operacional. Indispensable contar con herramientas de coordinación, hoy en hibernación. Europa no hubiera podido superar rápido el colapso derivado de la segunda guerra mundial sin los acuerdos comerciales y económicos y, luego, políticos que siguieron.

Tercero, no alineamiento activo de manera que nuestros países no queden atados a “optar” en la guerra fría que está empezando. Relanzar mecanismos propios de coordinación regional en los escenarios multilaterales, hoy muertos. Con el lema “la unión hace la fuerza”, nuestros países deberían manejar estrategias y agendas concertadas que convengan a nuestros intereses.