Hernán Chaparro

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La otra orilla
Profesor e investigador de la Universidad de Lima.

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Nosotros y nuestras circunstancias

"La población hace todo lo posible por salir lo menos que puede (diversas encuestas dan cuenta de ello), pero cuando lo hace va directamente al lugar donde la infección es más prevalente”.

En estos días, donde la prensa difunde la aglomeración de personas en paraderos, así como al interior de combis y buses, reaparece un mundo de prejuicios ya conocido: la supuesta irresponsabilidad de la gente por no cuidarse. Antes de hacer la pregunta equivocada sobre por qué somos así, sería bueno recordar a Ortega y Gasset y su “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. En términos de contagio, el transporte público viene tomando el rol que tuvieron los mercados en su momento.

La población hace todo lo posible por salir lo menos que puede (diversas encuestas dan cuenta de ello), pero cuando lo hace va directamente al lugar donde la infección es más prevalente. Y no por que esté desinformada sino porque debe comprar o trabajar. Si alguien, después de escuchar en su casa los mensajes de “primero tu salud”, llega al paradero y se encuentra con la circunstancia de que nadie pone orden, de que viajar en un micro está igual que siempre ¿qué se puede pretender que haga? El mensaje que dan las situaciones descritas liquida cualquier campaña.

En todos los programas de cambio de comportamiento, se subraya que la comunicación tiene un rol, que hay aspectos vinculados a las características de las personas que deben tomarse en cuenta, pero que también es muy importante el lugar donde los comportamientos que se promueven se van a desarrollar. Por dos motivos.

El primero, porque la gente puede estar sensibilizada por campañas en medios masivos o sociales, pero al llegar al lugar donde la conducta esperada debe desarrollarse, es probable que ese mensaje no esté a flor de piel. Se necesita reforzar en esos “momentos de verdad”, con comunicación creativa, los mensajes difundidos por medios masivos. Elementos que rompan el hábito y señalen cuáles son las nuevas opciones promovidas para esas situaciones.

Y el otro motivo por el cuál el entorno de la conducta es importante es porque la misma debe facilitar el comportamiento alternativo que se está impulsando. Ese “yo”, al que aludía el pensador español, poco puede hacer si las circunstancias no han cambiado.

Por eso esta segunda campaña de comunicación debería haber estado respalda por cambios en la forma en que está organizado el transporte público. Pero los avances ahí han sido magros. Al menos en Lima, la reciente entrevista de El Comercio al alcalde Muñoz pone en evidencia las dificultades de coordinación vertical y horizontal, dentro del Estado, que terminan en que nada o muy poco ha cambiado en el transporte público. Si hubiese paraderos mínimamente ordenados, la gente se organizaría.

Ya se demostró durante la gestión de Susana Villarán. Las personas hacían su cola, se organizaban porque la propuesta misma tenía un elemento ordenador. Se fue implementando la idea de que un bus reemplace a diez combis. Hasta que Castañeda desarmó lo andado. Y volviendo al tema de las circunstancias, ¿no podría la prensa hacer un esfuerzo y cubrir también los sitios donde la población no está aglomerada en paraderos o al interior de las combis? Un balance informativo no caería mal en tanto impacta en el ánimo ciudadano para llevar adelante los conocidos consejos.