Sonaly Tuesta

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Lucho Repetto

Por ahora voy a alimentarme de quinua negra. Ya sabes que ayuda a superar la tristeza.

¿Te has convertido en una libélula? O ¿serás por siempre el ñushí de cada pieza de los museos que impulsaste? Nuestra amiga Rina cree en tu poderoso cariño y buena energía. Dice que ayudarán a mantenerte vivo en nuestros corazones. Es un reto muy grande. Aún no sé si mi corazón aguantará tanta vitalidad y temo a veces no estar a la altura.

Tu vasta sabiduría se sometía siempre a esa gran curiosidad y a la humildad de continuar aprendiendo. Recuerdo ahora último tu avidez por hablar sobre mis lianas favoritas. Sobre ese támishi encantador que sostiene al armadillo gigante del pueblo Ese’eja.

Debatíamos (o quizá) desenredábamos los nudos de esa fibra y la procesábamos para entender por qué el apego a un insumo tan difícil de moldear. “Somos seres de rituales”, me dijiste y yo conté la creencia que te hizo sonreír: “Deben jalar el támishi cuando éste no se dé cuenta, porque si lo hace se entercará y será imposible sacarlo del árbol”.

Tu compromiso con los saberes y sentires del Perú es un legado entrañable. La experiencia alimenta el conocimiento, y en este camino siempre fuiste el hermano juicioso e inspirador. Gracias a ti, la ruta hacia la gente se hizo más directa.

Quisiera compartir contigo las wawas de Adelita. Organizar el viaje cultural con Santiago. Subirme a ese camión y llegar hasta Llata. Regalarte la vieja matraca que traje de Collay. Esperarte en la puerta porque el intercomunicador no funciona. Escucharte.

Tantas cosas, pero por ahora voy a alimentarme de quinua negra. Ya sabes que ayuda a superar la tristeza. Al menos por un rato.