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Fríos números

Al Perú le está pasando factura el cada vez más acentuado cansancio del gobierno para manejar la emergencia.

La ola letal del coronavirus ha cruzado el océano Atlántico y, luego de sembrar el miedo y la muerte en Europa, ha hecho de América su epicentro. Las cifras son cada vez más escalofriantes. Fuera de la Unión Europea, los países con más casos registrados son Estados Unidos, que esta semana alcanzó los dos millones, Brasil (más de 770.000 casos) y la India (casi 290.000 casos). Inmediatamente después viene el Perú, con casi 215.000 casos.

De todas formas, la comunidad científica internacional ha comenzado a hacer distingos entre los países con mayor incidencia del Covid-19. A pesar de los estragos causados por la pandemia, algunos como los Estados Unidos o Brasil (que encabezan el número de muertes, con casi 115.000 y 40.000, respectivamente), siguen dándole la espalda a la ciencia y se rehúsan a aplicar de manera uniforme las recomendaciones sanitarias. De todas formas, en el caso estadounidense algunos Estados y ciudades se han sabido comportar mejor que otros.

El ejemplo más flagrante es el del gobierno de Jair Bolsonaro que, para minimizar el impacto de la pandemia (llevaba varios días encadenando más de mil muertos diarios), decidió que su Ministerio de Salud, cuyo tercer titular en lo que va de la emergencia sanitaria es un militar en activo, dejara de publicar la información sobre el coronavirus. El escándalo duró dos días, hasta que intervino el Tribunal Supremo, ordenando que los datos fueran públicos. Entonces se supo que, solo este martes, Brasil sumaba 32.000 nuevos contagios y 1.272 fallecidos.

En otra categoría se encuentran los países África, que registran sorprendentes resultados, con una incidencia bajísima del coronavirus. El problema con ellos es que no se sabe a ciencia cierta si la baja tasa de contagios se debe a la falta de recursos y mecanismos para medir el impacto de la pandemia. En el último grupo están países como Rusia, Corea del Norte o China donde, por la opacidad de sus gobiernos, simplemente no se sabe lo que está ocurriendo.

Al Perú le está pasando factura el cada vez más acentuado cansancio del gobierno para manejar la emergencia. Como dice Pedro Ortiz, hablar de «mesetas» en el momento que la cuarentena comenzaba a relajarse de facto fue una irresponsabilidad que alimentó falsas expectativas y ha resultado siendo enormemente contraproducente. Hace falta relanzar la estrategia comunicacional del gobierno, incrementar el flujo de información, buscar voceros alternativos al presidente Vizcarra y evitar las confrontaciones inútiles para concentrarse en el verdadero enemigo: el virus.