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Tan cerca arremetió lo lejos

“Incluso esta Constitución, tan protectora del mercado a costa de la sociedad, no prohíbe la acción del Estado. Le pone un límite (...)”.

Hay cosas que simplemente no se pueden permitir y se requiere la acción -drástica- del Estado. Una empresa no puede pasar de cobrar 70 a 1.000 soles por la recarga de un balón de oxígeno. Sus costos de producción pueden haber incrementado por los nuevos protocolos de seguridad, pero no más de 1000%. Se están enriqueciendo a costa de la salud de miles de peruanos.

Loreto y Ucayali lanzaron las campanas de alerta en mayo. Amigos y organizaciones aliadas de pueblos indígenas buscaban ayuda para adquirir balones de oxígeno. El costo promedio por balón era de 3.500 soles. Solo el envase, no la recarga. Desde la vicaría de Iquitos se hizo una colecta internacional para poner una nueva planta de oxígeno. Parecían gestas heroicas que intentaba poner límite a una especulación criminal en la Amazonía. Pero no despertó una alerta nacional, ni una acción del Gobierno para prevenir esta misma situación en otras regiones. La selva suena lejana en el imaginario nacional, exótica. Eso no podía pasar en la costa, en las grandes ciudades, en Lima.

Como si no hubiéramos aprendido nada de la historia contemporánea,. Otra vez en el país, tan cerca arremetió lo lejos. Las colas en Lima y el Callao muestran que la batalla por el oxígeno se instalaba en la capital, solo había demorado unas semanas en llegar. La alerta no se escuchó, el mercado -libre- domina la diferencia entre la vida y la muerte.

Por si eso fuera poco, ayer se publicó en este diario una investigación de Contraloría que muestra que clínicas privadas cobraron 7 millones de soles por hacer pruebas moleculares de descarte del Covid-19 que eran procesadas por el INS de manera ¡GRATUITA! Por supuesto, Susalud, que debe fiscalizar la acción de estas clínicas, brilla por su ausencia.

Los defensores del modelo económico, pese a que este afán descarado de lucro pone en riesgo la salud y la vida de miles de personas, dicen que el Estado no debe intervenir. Gritan, desesperados, que la Constitución lo prohíbe.

No es verdad. Incluso esta Constitución, tan protectora del mercado a costa de la sociedad, no prohíbe la acción del Estado. Le pone un límite expreso al ejercicio de la libertad de empresa: lesionar la salud. Es entonces el dogma neoliberal el que está impidiendo la acción del Estado. Presidente Vizcarra, no deje que el dogmatismo gane, es tiempo de defender la vida.