Redacciones vacías

"Los lectores deberán comprender que la información digital de calidad no puede seguir siendo gratuita y, quienes trabajamos a su servicio, que las decisiones que estamos tomando definirán nuestra relación con la ciudadanía y nuestro futuro”.

Raúl Tola
23 May 2020 | 6:26 h

Los negocios de todo el mundo vienen sufriendo el impacto económico por los confinamientos para combatir el coronavirus. Desde el más pequeño hasta el más grande, se han visto forzados a recalcular sus presupuestos, efectuando recortes que les permitan remontar esta tempestad sanitaria y financiera. Como la primera partida que suele amputarse es la dedicada a la publicidad, las empresas periodísticas tradicionales, que ya vivían un paulatino declive, ahora se enfrentan a situaciones dramáticas y muchas veces terminales.

Lo anticipaba el Washington Post en un artículo que lo decía todo desde el titular: «La crisis del coronavirus viene devastando la industria de las noticias. Muchos diarios no sobrevivirán a ella». «Un tsunami de despidos, recortes, licencias y cierres ha sacudido las salas de prensa en todos los Estados Unidos en el último mes, en una época en la que, paradójicamente, las lectorías y audiencias están creciendo, con los consumidores a la búsqueda de una fuente de información confiable sobre el virus». La nota es del 8 de abril.

Además de las duras situaciones individuales, la consecuencia es un vacío informativo —sucesos que no se cubren, personajes que no se dan a conocer, denuncias que no alcanzan la luz—, un panorama que empeora por la avalancha de medios que, en lugar de informar, apuestan por deformar la realidad en favor de los grupos de poder político o económico que los subvencionan, y por las intenciones de muchos gobiernos que encuentran en la crisis sanitaria el momento ideal para imponer la censura, el control de contenidos y la persecución policial sobre los periodistas. Así lo señala el último Índice de Libertad de Expresión publicado por Reporteros sin Fronteras.

La excepción son grandes medios como The Wall Street Journal, The Washington Post o The New York Times, quienes se encuentran relativamente a salvo por una buena base de auspiciadores y, sobre todo, por el respaldo de millones de suscriptores digitales. Distinto es el caso de los diarios y canales de televisión medianos o pequeños, de alcance regional o local, que han debido cerrar o que, para sobrevivir, han aplicado drásticos recortes en sus sueldos y plantillas.

Es el caso de La República, como es público, por efectos de la coyuntura descrita, hace unos días este diario aplicó despidos. Esto luego de que no alcanzara una política de reducción de sueldos (esta columna, por ejemplo, es ad honorem desde hace quince días). Quiero aprovechar este espacio para solidarizarme con esos periodistas, corresponsales y personal de planta, algunos con más de diez años al servicio de La República, que han perdido sus empleos en estos momentos especialmente duros. Comprendo las circunstancias que atravesamos.

Vivimos un tiempo cruel, que cambiará la forma en que se hacen las noticias y se administran las empresas periodísticas. Los lectores deberán comprender que la información digital de calidad no puede seguir siendo gratuita y, quienes trabajamos a su servicio, que las decisiones que estamos tomando definirán nuestra relación con la ciudadanía y nuestro futuro.

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