Rafael Roncagliolo

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Hace cien años

“No tenemos un verdadero bono universal. No se ha realizado la focalización al revés”.

Hace un siglo, el mundo salía de dos desastres mayúsculos. La Gran Guerra había producido un estimado de 20 millones de muertos, a su término, el 11 de noviembre de 1918. La “gripe española”, entre marzo de dicho año y 1920, arrojó más de 40 millones de fallecidos. El doble. La Gran Guerra es recordada como Primera Guerra Mundial. La gripe española se esfumó en el olvido.

Terminada la guerra, en 1920, se creó la Sociedad de Naciones y se reconoció el derecho a la autodeterminación, incluso de las colonias. Así, se concitó esperanzas, vanas y efímeras.

El audaz presidente Wilson no pudo incorporar a su país en su sueño universal. La Sociedad de las Naciones, sin EEUU, Alemania ni la URSS, iba a ser una burbuja pasajera. “Me gusta la Sociedad de Naciones, pero no creo en ella”, había comentado, durante las negociaciones de 1919, el primer ministro francés, Georges Clemenceau. Ni Francia ni el Reino Unido vibraban con la propuesta de Wilson.

A la gripe se la llamó “española” porque la única prensa occidental que informaba de ella era la de España, país neutral. En los países beligerantes no se decía nada, para no desmoralizar a la tropa. En realidad fue la gripe de Kansas, por la base militar de Fort Riley, donde se detectó el primer brote, el 4 de marzo de 1918.

¿Qué pasó después de la guerra y de la gripe? La Sociedad de Naciones se liquidó en impotencia frente a los atropellos. Atropellos que desembocaron en la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. Las colonias siguieron siendo colonias, so pretexto de “mandatos” que hasta hoy vierten sangre en varias partes del globo.

Por otro lado, la angustia de la epidemia se evaporó en el aire. Como recuerda Ignacio Ramonet: “Un manto de amnesia recubrió el recuerdo. La gente prefirió lanzarse a vivir la vida con un apetito desenfrenado en lo que se llamó los felices años veinte (the roaring twen ties). Fue la época del jazz, del tango, del charleston, del triunfo de Hollywood y de la cultura de masas. Una euforia artificial y alienante que acabaría estrellándose, diez años después, contra el crack bursátil de 1929 y la Gran Depresión". Y la salud mortal siguió impertérrita.

Ahora, una vez pasado el susto, puede ocurrir algo parecido. Lo viejo puede volver a imponerse, desplazando los empeños de creación de una nueva normalidad, más inclusiva y solidaria.

Todo es posible. El Perú, primero en macroeconomía y último en salud pública, es un buen ejemplo de esta lucha y sus agonías. El presidente anuncia que se afrontará la pandemia con respuestas inclusivas, pero poderes fácticos y burócratas inertes se resisten.

Imposible pronosticar quién vencerá. No tenemos un verdadero bono universal. No se ha realizado la focalización al revés. O sea, registrando a los que quedan fuera y no a los que quedan dentro del bono. Solo hay listas parciales que no incluyen a todos. Y están hechas para bonos pasajeros, que no durarán lo que dure la crisis. A pesar de la advertencia rotunda de la CEPAL.

Así, no se vislumbra un futuro de rosas, sino de confrontación entre lo viejo y lo nuevo. Entre los dancing days de unos y la promesa de solidaridad para todos.