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Machu Picchu vacío

“¿Qué va a pasar con Machu Picchu? El año pasado llegó más de un millón y medio de visitantes, una cifra que sus cuidadores estiman excesiva para el mantenimiento del lugar”.

¿Cómo mantener desiertas, o casi, después de la crisis joyas históricas antes abrumadas por un exceso de turismo? ¿Conviene? Si vamos a creerles, los venecianos, por ejemplo, están encantados con la posibilidad de que las muchedumbres que toman fotos no vuelvan. Todo indica que su deseo puede cumplirse por un buen tiempo.

La idea de joyas de la humanidad vacías por decisión o por deserción tiene mucho de apocalíptico. Habla de una humanidad inmóvil, y sugiere que podríamos estar siguiendo el camino de las culturas desaparecidas. Para bien o para mal, lo que John Urry llama la mirada del turista es parte esencial de la civilización contemporánea.

¿Qué va a pasar con Machu Picchu? El año pasado llegó más de un millón y medio de visitantes, una cifra que sus cuidadores estiman excesiva para el mantenimiento del lugar. No hay pronósticos, pero nadie espera que una cifra así se repita en varios años. Además, la crisis económica pre-viral ya estaba presionando el flujo turístico a la baja.

Como nadie vive en Machu Picchu, no hay allí vecinos incomodados por los visitantes. Al contrario, para los cusqueños el monumento es una locomotora de la prosperidad turística. No hay gran entusiasmo por las tareas de conservación del lugar, y por supuesto que cualquier reducción de las visitas es mal vista.

El empresario turístico Juan Stoessel (quien acaba de convertir algunos de sus hoteles en alojamientos más permanentes) plantea que para volver a buenas cifras en Machu Picchu hay que aprovechar la clausura actual para emprender los trabajos de adecuación atrasados por tantos años. De otro modo, dice, nos tendremos que resignar a su declive.

El 2019 fue el primero de muchos años en que la llegada de turistas al Perú prácticamente no creció. Lo cual fue un aviso, y el recordaris de que esa afluencia no depende enteramente de nosotros. Acaso lo que dice Stoessel para Machu Picchu vale para toda la industria: este es el momento para una radical reingeniería.

Aprovechemos, pues, la cuarentena de Machu Picchu, que lo mantendrá bastante vacío por buen tiempo, para sostener mejor sus piedras, mejorar el servicio y el acceso, regular la afluencia diversificando la espléndida oferta turística de la zona.