Augusto Álvarez Rodrich.

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Que COVID-19 no mate a la cultura

La función debe continuar y al arte se le debe apoyar hoy.

Creo que la última función de teatro con público de este año en el Perú se realizó el 11 de marzo, pues luego el covid-19 cerró las salas, pero ello no debiera implicar que las artes escénicas y, en general, la cultura, se clausuren y no sean incluidas en las estrategias en marcha para el salvataje y la reactivación económica del país.

Ese miércoles pusieron en la Universidad del Pacífico, dentro del Festival de Artes Escénicas de Lima (FAE), El apellido comienza conmigo de Chaska Mori. A la salida, jalé a su casa a la dramaturga y directora Mariana de Althaus. “Creo que hoy vimos la última obra por un buen tiempo”, me dijo.

Pero creo que ninguno de los dos imaginó lo largo que sería ese tiempo. Desde el día siguiente, se fueron cancelando las funciones restantes del FAE y de todas las salas, y ahora parece que, en el mejor de los casos, el cierre sería hasta, al menos, el próximo año.

En la cuarentena están ocurriendo esfuerzos ingeniosos y valiosos del teatro por la vía digital, como Pausa de Tubo de Ensayo, la lectura de Dos para el camino de Butaca A&C, Angustia, Miitiin: Home Offi ce, o Tu madre la Concho, mientras teatros como De Lucía, PUCP o Británico han puestos en la red algunas de sus obras ya exhibidas, tal como lo vienen haciendo varias salas de primer nivel mundial donde se puede ver por YouTube puestas notables de Hamlet, Frankenstein o El fantasma de la ópera en el Royal Albert Hall.

Pero la perspectiva del teatro y de la cultura, en general, como lo han explicado con claridad Pedro Pablo Alayza (De Osma), Juan Carlos Verme (Mali) y Andrés Álvarez Calderón (Larco) para el caso de los museos, es muy dura.

La cultura está en peligro y hay que impedir que el covid-19 también la matricule entre sus víctimas. Por ello, se debe respaldar iniciativas como el pronunciamiento realizado ayer por el Movimiento de Grupos de Teatro Independiente del Perú y la Red de Teatros Perú, para que la cultura y las artes, que se encuentran en sala de cuidados intensivos, sean incorporados en los planes de reactivación y salvataje. Y que el Ministerio de Cultura, que también tiene motivo para existir en la pandemia, se ponga las pilas antes de que sea tarde y deba sepultar lo que quede de la obra artística en marcha en el país.