Raúl Tola

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Tiger King

“¿Por qué causa tanta fascinación Tiger King? ¿Qué hace que una vez que comenzamos no podamos parar de verla?”.

Joe Exotic es un hombrecillo canijo que viste camisas de colores iridiscentes, lleva un bigotito descuidado, los ojos subrayados con rímel y el pelo oxigenado y cortado como un casquete con largas mechas enruladas. Vulgar y exhibicionista, amante de las armas, los estupefacientes y el desorden, cantante de música country, improvisado candidato a gobernador de Oklahoma y a presidente de los Estados Unidos, abiertamente gay y bígamo es, además, dueño de la mayor colección de grandes felinos del mundo: el zoológico Greater Wynnewood, donde conviven más de 200 tigres, leones, pumas, panteras, jaguares y leopardos, junto con los híbridos producto de sus cruces.

Por supuesto, es el protagonista de «Tiger King», el mayor fenómeno audiovisual de la cuarentena, un documental de siete capítulos (más un capítulo especial) emitido por la plataforma Netflix que, se dice, ha llegado a ser visto por el 10% de los norteamericanos e incluso se ha colado en las conferencias de prensa de Donald Trump.

Faltan adjetivos para describir esta serie hiperbólica que parece comenzar como un informe especial sobre la cría de grandes felinos en los Estados Unidos, un fenómeno de dimensiones inimaginables (en el país hay unos 7.000 tigres en cautividad, por solo 4.000 sueltos en sus hábitats naturales), pero que poco a poco se complica y retuerce, hasta convertirse en una maraña de traiciones, estafas, incendios intencionales, tráfico de animales, enemistades mortales y mal gusto. Una secuencia adornada por una verdadera corte de los milagros del esperpento norteamericano: hombres y mujeres de la América profunda incultos, armados hasta los dientes, desdentados por el consumo de drogas y cubiertos de tatuajes carcelarios, animalistas ataviados con trajes de animal print, mafiosos y exconvictos que se pasan el día acariciando tigres y leones.

¿Por qué causa tanta fascinación Tiger King? ¿Qué hace que una vez que comenzamos no podamos parar de verla? Supongo que la absoluta desmesura de su contenido —la sobredosis de mal gusto de sus protagonistas, su falta de escrúpulos y sentido común, los giros cada vez más inauditos de su trama— que nos lleva de sorpresa en sorpresa a descubrir los extremos de decadencia, hipocresía, chabacanería e ignorancia a los que podemos llegar los seres humanos, que habitan en las vísceras de la principal superpotencia del mundo y que serían absolutamente inverosímiles si no fuera por un detalle: son reales.