Diego García Sayán

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La vacuna y el caballo de Ricardo

“La clave está en cómo se resuelva la tensión entre el lucro de farmacéuticas y el clamor de miles de millones de una vacuna accesible, a aplicar en el menor tiempo posible”.

Así como Ricardo III, en la tragedia de Shakespeare, perdió su reino –y la vida– por faltarle un caballo, de la carencia de una vacuna contra el Covid-19 deriva que se seguirán añadiendo muchos más a los 260,000 fallecimientos ya producidos. El problema: virus recién presentado “en sociedad” hace cuatro meses para el cual no hay vacuna diseñada.

Hay ahora más de 90 proyectos de investigación en fase de prueba impulsados por farmacéuticas, gobiernos, fundaciones privadas o la OMS. Que no son, sin embargo, una “sinfonía”; se entremezclan intereses, no necesariamente convergentes. Destacan tres espacios.

Primero, lo que miles de científicos y académicos están investigando en diferentes países, dentro y fuera de universidades, en EE.UU., China, Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros países (como la India).

Esfuerzos científicos promovidos en algunos casos por grandes farmacéuticas transnacionales que apuntan a patentar el resultado y “cosechar” de ello. En los EE.UU. Johnson & Johnson y Moderna han recibido del gobierno cada una $500 millones para la investigación. Pfizer, asimismo, investiga. Pero ojo: según el periódico alemán Welt am Sonntag, Trump está ofreciendo a la empresa CureVac la financiación de la investigación y garantizando los derechos “exclusivos” de patente.

En la China, Sinovac, también con apoyo oficial, afirma haber diseñado ya un producto que protege a monos. Los británicos andan luego, pero muy presentes en un proyecto entre la farmacéutica AstraZeneca y la Universidad de Oxford. El Serum Institute en la India anda también en lo suyo.

Segundo, los intereses geopolíticos de algunos Estados. Los polos fundamentales son China y los EE.UU. Este último país sometido a la agitación verbal constante de su presidente, empeñado en usar el tema como arma en una polarización que supone le puede ser electoralmente beneficiosa.

Tercero, el papel de varios Estados, organizaciones multilaterales y de fundaciones benéficas privadas. Varios líderes y organizaciones mundiales están impulsando esfuerzos sin precedentes para estas investigaciones orientándose más al resultado que a controlar “la” patente. Está la clave de resultados accesibles; tanto la vacuna como para el tratamiento.

Espectacular lo avanzado esta semana. Promovida por la Unión Europea y con la participación de casi todos los países con “caja” –salvo EE.UU. y China– se anunció el lunes que se han colectado más de 8 mil millones de dólares para ello. Nunca en la historia se juntó tanto dinero en tiempo tan corto para una noble causa. Y Trump quedó, otra vez, sólo.

El reto científico es enorme y el desorden geopolítico mayor. Los esfuerzos debieran converger… pero. Pero la clave está en cómo se resuelva la tensión entre el propósito de lucro de farmacéuticas y el clamor de miles de millones de una vacuna accesible, a aplicar en el menor tiempo posible y al mayor número de personas.

Todo dependerá de cómo se vertebre en los siguientes meses el tejido entre la academia, científicos, fundaciones privadas, organizaciones multilaterales como la OMS, el Fondo de Patentes y Medicamentos de la ONU y, especialmente, una opinión pública mundial activa. Y que la vacuna que salga de todo esto sea patrimonio de la humanidad.