Nelson Manrique

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La insurrección guerrillera del Valle del Mantaro (final)

“Los guerrilleros indígenas que se batieron autónomamente aportaron a la defensa de la patria”.

Hacia la segunda semana del mes de abril de 1882, los guerrilleros de la margen derecha del Valle del Mantaro esperaban las represalias del ejército chileno acantonado en las principales ciudades de la margen izquierda, por las emboscadas que les hicieron.

El día 10 el subprefecto de Jauja y comandante de las fuerzas de la provincia, Remigio Kelway, solicitaba a la municipalidad de Sincos que preparase mil raciones para la manutención de las fuerzas de Orcotuna, con que marchaba a ese distrito. En varios pueblos se pasaba revista a las fuerzas organizadas en infantería y caballería, entre las cuales destacaba la Caballería de Operaciones de Mito. El 14 de abril se constituyó la Comandancia General de la “División de la Libertad”, con sede en Chongos, que dispuso que los jefes de las comunidades organizaran un sistema de chasquis para informar, 3 o 4 veces al día. Los guerrilleros debían prepararse para el combate: “todas las fuerzas de nuestra División deben reunirse en el lugar del conflicto, (es) decir donde quiera el enemigo se presente según los partes, vigías o fogatas ad hoc acordadas”.

Para evitar una sorpresa, se decidió cortar el puente de La Mejorada, que unía Huancayo con Pillo (hoy Pilcomayo), Chupaca y Sicaya. Realizaron la acción patriotas chupaquinos el 17 en la noche. Vicente Samaniego, Enrique Rosado y Tomás Gutarra fueron prontamente capturados y fusilados en la Plaza Huamanmarca, de Huancayo, por el ejército chileno. Fueron traicionados por Mariano Nieva, que luego fue capturado y ejecutado por traición a la patria. Al día siguiente, soldados chilenos intentaban componer el puente destruido, lo cual fue impedido por francotiradores. Las fuerzas chilenas tuvieron que lanzarse a vadear el Mantaro.

El día 17 se produjeron algunos combates aislados. Al amanecer del 18 se produjeron combates simultáneos en torno a los puentes que cruzan el Mantaro. Los más encarnizados se produjeron en Chupaca, pampas de Sicaya y Huayuyán. Participaron 1200 soldados chilenos con caballería y artillería. “Poco podían hacer los fugaces ataques guerrilleros para impedir que las fuerzas enemigas llegasen a la otra ribera, frente a los cañones que barrían los precarios parapetos”. La batalla decisiva se realizó en las pampas de Carato, a la entrada de Chupaca, el día 19 entre las 10 y las cuatro de la tarde. Según el parte oficial chileno, los invasores tuvieron 8 bajas, “el número de indios y montoneros muertos asciende a más o menos 470”. La lucha continuó en los días siguientes: “Se ha expedicionado incesantemente durante 10 días sosteniendo combates con los pueblos sublevados y haciendo marchas forzadas para conseguir la completa dispersión de los montoneros”, informaba el comandante general chileno Estanislao del Canto. Para el fin del mes la insurrección había sido aplastada.

¿Fue inútil el sacrificio de los comuneros del Valle del Mantaro? Con sus acciones inmovilizaron al ejército chileno y le dieron a Andrés Avelino Cáceres el precioso tiempo que necesitaba para, después de llegar Ayacucho en febrero, perseguido por ejército chileno, con apenas 412 hombres, levantar el ejército con que el 9 de julio del mismo año derrotó a la división chilena que ocupaba la región en las batallas de Pucará, Marcavalle y Concepción, causándole 600 bajas. Así, los guerrilleros indígenas que se batieron autónomamente aportaron a la defensa de la patria.

Con este texto me despido de mis lectores agradeciéndoles su benevolencia. Después de 14 años ininterrumpidos he decidió tomar un receso. Agradezco a La República la consideración y la absoluta libertad de opinión que me brindó durante todo este tiempo.