De vuelta al futuro

La República

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22 Oct 2020 | 15:40 h
©UNICEF/MandrosD.
©UNICEF/MandrosD.

¿Cómo ha impactado la COVID-19 la educación de las chicas y chicos peruanos? ¿Por qué la pandemia pone en peligro el futuro de las y los adolescentes del bicentenario? En la siguiente nota estudiantes de secundaria y docentes comparten sus preocupaciones sobre el presente y el mañana.

“Yo llevo las clases de Aprendo en Casa por televisión porque algunas personas que tienen antena de Directv ponen las clases. En ese momento aprovecho y tomo mis apuntes, y de ahí realizo mis tareas. Una vez que termino se las mando a mi profesor, pero no todos mis compañeros pueden hacer eso porque no cuentan con un celular, ni radio ni televisión”, comenta Mayli Valles Guerra una adolescente de doce años que cursa el primero de secundaria en la Comunidad Nativa Nuevo Ahuaypa, ubicada en Iparia, Ucayali.

En Carabayllo, al norte de Lima, Milagros Flores, adolescente de dieciocho años que cursa el 5to de secundaria reconoce y agradece el esfuerzo de los docentes para que no se paralice la educación, pero le preocupa que muchos de sus compañeros de promoción no solo se quedarán sin el soñado viaje, fiesta y camisas o blusas firmadas por los amigos y amigas, sino que además se habrán alejado del sistema educativo sin concluir sus estudios “…es que en muchas casas solo hay un celular y son varios hermanos, entonces los mayores prefieren ponerse a trabajar y ayudar en algo a su familia”, nos dice.

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Y es que, a pesar de la inmediata y acertada respuesta del ministerio de Educación, la COVID-19 ha puesto en jaque el futuro de las y los adolescentes peruanos. Según la escala del Índice de Bienestar Adolescentes (IBA)[1] elaborado por UNICEF (2019), la educación estaba en 0,51, es decir a mitad de camino.

El Índice de Bienestar Adolescente (IBA) se mide teniendo como base el “cero” que representa las peores condiciones de desarrollo adolescente y el “uno” las mejores. De esta forma, se puede identificar qué está en proceso y a qué distancia de alcanzarse. Educación es una de las cinco dimensiones que mide él IBA. Por eso para conocer más detalles de esta importante medición Unicef y La República presentarán este miércoles 28 a las 5 de la tarde el webinar “Índice de bienestar adolescente” por las redes sociales de la República y de Unicef.

Este indicador, que se midió antes de la pandemia, considera cinco aspectos para determinar el nivel de avance: desempeño en lectura, matemáticas, tasa de conclusión de educación primaria, y secundaria, y porcentaje que no estudia. Si el IBA se hubiera realizado décadas atrás el resultado hubiera estado muy por debajo de 0,51. Y es que en las últimas décadas el Perú ha dado grandes pasos a favor de la universalización y culminación oportuna de la educación primaria y secundaria. Sin embargo, si las puertas de las escuelas permanecen cerradas por mucho tiempo y se acentúa la pobreza, se perderá lo avanzado en materia educativa y será más difícil impedir que las y los adolescentes pasen del modo aprendo en casa al modo trabajo para ayudar en casa.

La adolescencia es un período de transición a la adultez en el que chicas y chicos a través de sus actividades cotidianas se preparan para asumir roles futuros en su vida personal y laboral, y la escuela los ayuda en ese proceso. “Siento frustración e impotencia al no haber logrado retener a algunas alumnas que dejaron las clases este año: el embarazo, la decisión de convivir con sus parejas y la falta de orientación las alejó de la escuela. Extraño el regreso a la escuela para ver sus rostros y saber lo que sienten porque cada alumno es un mundo por descubrir, un presente que debemos atender y un futuro por encaminar”, comenta la docente Elsa Castro desde Huancavelica, departamento al que el IBA le asigna el 0,30 en su escala de avances.

La escuela, además de transmitirles conocimientos desarrolla habilidades blandas en la adolescencia, que cada vez son más valoradas en el mundo laboral y es -además- un espacio protector frente a violencia y el embarazo temprano. Las tasas de deserción, que estaban descendiendo en los últimos años, de 4,1% (2018) a 3,5% (2019), podrían cambiar de rumbo para el 2020.

Resulta clave que en el 2021 se reabran, en forma segura, las escuelas. Chicas y chicos son conscientes de que sin educación no hay futuro y lo expresan a través de iniciativas como Ponte de pie y levanta la mano por las y los adolescentes que promueve una petición online que evidencia sus demandas de oportunidades que les permitan culminar sus estudios y contar con conectividad para estudiar desde casa mientras aguardan volver a las aulas.

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El virus no solo afectó nuestra salud, también truncó las oportunidades de las y los adolescentes. Como docentes, vamos a poner todo lo que está a nuestro alcance para que los estudiantes no solo ingresen a clases, sino que concluyan de la mejor manera este año escolar”, promete el profesor Luis Borgoy, desde Ucayali, región que con solo 0,39 en la escala del IBA está muy lejos de asegurar las mejores condiciones para el bienestar adolescente.

Retorno seguro y protegido a las aulas y acceso al mundo digital es el camino que tiene el país para asegurarle un futuro a las y los adolescentes del bicentenario.

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