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El problema del embarazo adolescente

La Republica
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Mientras que la pandemia de la COVID-19 acapara la atención mundial, al punto que se habla de ella todos los días en todos los medios de comunicación, existen otros problemas sanitarios de gran importancia que se han visto relegados por falta de presupuesto, personal médico o voluntad política.

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El embarazo adolescente es una emergencia que merece ser atendida a la brevedad, antes que su impacto repercuta en el futuro de la menor gestante. Hoy, en el Día Mundial de la Prevención del Embarazo Adolescente, concentraremos nuestra atención en este tema.

Una realidad preocupante

Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES 2019) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), 13 de cada 100 de adolescentes (12.6%) entre 15 y 19 años ya son madres o se encuentran embarazadas. Hasta el mes de julio, el Ministerio de Salud había registrado 26 mil partos a nivel nacional cuyas madres fueron menores de 19 años.

La ENDES 2019 da cuenta de las enormes brechas de desigualdad que existen en nuestra sociedad: las adolescentes que se encuentran en el estrato social con ingresos más bajos, las que residen en la selva o en zonas rurales, y las que tienen educación primaria se encuentran más vulnerables de quedar embarazadas.

La pandemia nos encuentra cuando el embarazo en adolescentes sigue siendo un problema crítico y es que sus indicadores en los últimos 30 años no han variado. Lo que sí se ha podido identificar es la alta prevalencia de embarazos en menores de 15 años, que no cuentan con información adecuada y se convierten en víctimas de violación, lo que da cuenta de la inseguridad y el riesgo en el que se encuentran expuestas”, advierte Susana Chávez, directora ejecutiva de Promsex.

El impacto de una maternidad temprana

El embarazo repercute en la vida de los y las adolescentes a nivel físico, emocional y social. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las complicaciones durante el embarazo y el parto son la segunda causa de muerte entre adolescentes de 15 a 19 años en todo el mundo. Muchos de estos embarazos terminan en abortos clandestinos practicados por personas sin la debida formación profesional y en condiciones insalubres que ponen en riesgo su salud y su vida.

Entre las que llegan a dar a luz, siete de cada diez no deseaba quedar embarazada y ocho de cada diez abandona la escuela. Con una escasa o nula educación tienen menos competencias y oportunidades de encontrar un trabajo que les permita lograr sus expectativas de vida. Esto también tiene un costo económico para el país, ya que se pierden los ingresos que una mujer hubiera ganado durante su vida de no haber tenido un embarazo, señala la OMS. Es decir, este problema mantiene las desigualdades sociales e impide que las adolescentes salgan del ciclo de pobreza en donde se encuentran.

Frente a esta situación, corresponde que tanto las autoridades regionales y locales como los representantes de los ministerios de Salud, Educación y Mujer aborden el embarazo adolescente en el marco de una política multisectorial para la atención integral de la salud sexual y reproductiva de las y los adolescentes, que tenga en cuenta los enfoques de género e interculturalidad. Es momento de redoblar esfuerzos y garantizar que cumplan con su labor en la prevención de este problema.

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¿Por qué no se ha disminuido la tasa de embarazo adolescente?

Susana Chávez

Directora ejecutiva de Promsex

Nadie podría decir que el Perú carece de políticas públicas para adolescentes, y en especial, para reducir embarazos no intencionales. Desde hace dos décadas tenemos un conglomerado de planes y disposiciones que señalan el compromiso del Estado para que las niñas culminen su educación, se desarrollen laboralmente y fortalezcan su plan de vida. Sin embargo, el mismo porcentaje de adolescentes se embaraza anualmente desde hace 30 años y se va sumando a las cifras duras de pobreza. ¿A qué se debe tan persistente fracaso? ¿Qué estamos haciendo mal?

Me atrevo a afirmar que el origen del problema sigue siendo el mismo: el ejercicio de la sexualidad y el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de los y las adolescentes. Dos aspectos muy preciados para el crecimiento personal, pero muy amenazantes para funcionarios públicos que prefieren imponer sus prejuicios, su desinformación y sus propias concepciones en la vida de otros.

Mientras no haya una voluntad política que busque eliminar estas barreras, seguiremos con nuestras cifras de terror y nuestras niñas y adolescentes más pobres tendrán un resultado que no dependió de ellas, sino de una política que se quedó en el papel.

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