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Madre carga a su hija con parálisis cerebral a través de senderos peligrosos para llevarla al hospital

Debido a los pocos recursos de su familia y a la falta de transporte público, esta niña de 6 años tiene que vivir una verdadera odisea para llegar a sus terapias.

Nadia, la madre de la menor, se las ha arreglado para recibirse como docente de educación especial. Foto: Micaela Urdinez/La Nación
Nadia, la madre de la menor, se las ha arreglado para recibirse como docente de educación especial. Foto: Micaela Urdinez/La Nación
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Nicole tiene 6 años y padece de una parálisis cerebral que le dificulta el andar, por lo que movilizarse al hospital para sus terapias e, incluso, ir a la escuela demanda un esfuerzo enorme para ella y su madre, Nadia Huanco, quien se encarga de acompañarla en cada uno de sus viajes.

“Cuidado, cuidado. Vamos por acá que hay menos piedras. Despacito”, le dice Nadia Huanco a su hija Nicole mientras ella da pasitos inestables rumbo a su centro de estudios, desde la zona de Cerro Chico hasta la ciudad de Tilcara, en Argentina. Lugares que se sienten incluso más lejanos debido a la falta de transporte público y la casi nula presencia de taxis.

Cada tanto, Nadia debe cargar a su hija para evitar que se caiga, como ya ha ocurrido antes, víctima del accidentado terreno. “Los días de lluvia no la llevo porque el camino se pone barroso. Cuando está muy frío le digo que es mejor que no vaya. Porque los huesos se le debilitan y es más riesgoso que se caiga”, le dice la madre al diario La Nación mientras ella y su hija descansan a medio trayecto.

Aunque a veces es difícil acomodar sus horarios, trata de no dejar a su hija y marcharse inmediatamente, porque significaría hacer doble viaje al recogerla. Debe estar organizada. Lo necesita para mantenerse cuerda, ya que, al ser madre soltera, es la única responsable de velar por su hogar.

Con todo esto y a pesar de las dificultades, se las ha arreglado para recibirse como docente de educación especial, con esperanzas de especializarse en psicopedagogía algún día.

Esa fuerza la heredó la pequeña Nicole, quien nació sin vida y tuvo que ser reanimada. Una bebé prematura, con bajo peso y talla. “Al año y medio, cuando tenía que caminar, no caminaba. Cuando quería gatear, se me iba de panza y se caía”, recuerda Nadia. Las terapias la fueron ayudando poco a poco.

Ahora, la menor de anteojos y voz baja, aunque tímida, puede comunicarse bastante bien con las personas. Cuando su madre le pregunta cuál es su sueño, ella responde que tener una bicicleta con rueditas color rosa, su color favorito.

La familia Huanco ya contaba con un historial de discapacidad, debido a que Emanuel —tío de Nicole— tiene distrofia muscular. “Para él que está en silla de ruedas, las calles son recomplicadas”, cuenta Nadia.

La familia Huanco ya contaba con un historial de discapacidad, debido a que Emanuel —tío de Nicole— tiene distrofia muscular. Foto: Micaela Urdinez / La Nación

Todos ellos se las han tenido que arreglar dentro de un mismo terreno. Nicole duerme con su mamá en una cama y su tía con su abuela en otra, en la misma habitación. En la habitación de al lado viven el resto de tíos varones. Lo que sigue, es construir un cuarto más, conseguir agua caliente y colocarle una baranda al baño para Emanuel. ¿Cuándo? No lo saben, pero esperan que pronto.

Nicole no puede trabajar a tiempo completo por los cuidados que necesita su hija, por lo que la familia se mantiene económicamente con la pensión de Emanuel y Nicole. “El sueño es poder tener una camionetita en la que entre la silla de ruedas de Emanuel. Eso nos serviría para los dos, más ahora que se viene el invierno y el frío”, cuenta Adriana, la abuela.

Nadia concluye diciendo que elige no preocuparse por el futuro de su hija, pues, por el momento, tienen mucho por lo que pensar en el presente. Pero sabe que, pase lo que pase, ella estará allí para ella hasta el final. “Yo quiero acompañarla en lo que ella quiera. Seguir apoyándola en todo lo que falta”.