Mundo

Quemoy: el archipiélago taiwanés que se defendió de China con música

Durante 2 décadas, China y Taiwán se enfrascaron en un conflicto en el que las armas más usadas fueron suaves canciones y discursos de deserción, los cuales ocasionaron un grave daño psicológico en los habitantes de estos territorios.

Los parlantes trasmitían canciones y discursos las 24 horas del día. Foto: Pedro Torrijos/El País
Los parlantes trasmitían canciones y discursos las 24 horas del día. Foto: Pedro Torrijos/El País
Arantxa Pozo

Hay miles de formas de ganar un enfrentamiento y las islas del archipiélago de Quemoy, en Taiwán, utilizaron una estrategia que les brindó seguridad ante la inminente amenaza de China: obligar al enemigo a escuchar música a todo volumen durante día y noche.

Altavoces dentro del Muro de Retransmisión de Beishan. Foto: Pedro Torrijos/El País

A través del Muro de Retransmisión de Beishan, una construcción de hormigón de 10 metros de altura y que dentro contiene 48 potentes parlantes, se transmitieron canciones y discursos taiwaneses que traspasaron los 25 kilómetros que separan el archipiélago de la ciudad de Xiamen, en la costa suroeste de China.

Durante dos décadas, los altavoces sonaron 24 horas al día y los siete días de la semana con una melodía ligera taiwanesa y sermones para incentivar a los soldados del bando contrario a desertar y unirse a su causa. Por su parte, China respondía a la ofensiva con la misma táctica.

El pequeño archipiélago, localizado a 10 kilómetros de la costa china, se encuentra bajo soberanía taiwanesa desde que, en 1949, las tropas nacionalistas de Chiang Kai-shek y el partido Kuomintang ocuparan dicha nación. Ese mismo año se libró una batalla en la isla contra el régimen de Mao Zedong, en la que ganaron los recién llegados.

Años más tarde, de 1954 a 1959, inició un nuevo enfrentamiento en el que no solo hubo bombardeos, sino propaganda en las que, de costa a costa, los Ejércitos se enviaban fotos, jabones o botellas de cerveza para convencer a los soldados de pasarse de un bando a otro.

Esta guerra de propaganda continuó de tal manera hasta que, en 1967, una nueva herramienta fue utilizada: el enorme altavoz que transmitió las canciones más dulces de la cantante taiwanesa Teresa Teng, ícono del pop reconocida en todo el continente asiático.

Propaganda china lanzada durante el conflicto con Taiwán. Foto: archivo/Pedro Torrijos/El País

En más de una ocasión, la intérprete se apersonó a la isla de Quemoy y habló por el altavoz para pedir la libertad como única esperanza para su país. La guerra sónica se prolongó por varios años y causó un fuerte impacto mental en los habitantes de las ciudades perjudicadas, para quienes el silencio se convirtió en un lujo.

Las trasmisiones cesaron en los años 90, cuando la isla dejó de estar gobernada por un régimen marcial para dar paso a la democracia, aunque hoy en día, como parte de la actividad turística, aún se puede escuchar suaves canciones por los parlantes.