La vida de los korowai: la última tribu de ancestros caníbales

Aislamiento de la civilización moderna, prácticas caníbales que sobreviven al paso del tiempo y una arquitectura destacada.

Las casas se alzan entre los 6 y 15 metros de altura, aunque algunas pueden llegar hasta los 35 metros, dependiendo del estatus social de sus habitantes. Foto: El Clarín
Las casas se alzan entre los 6 y 15 metros de altura, aunque algunas pueden llegar hasta los 35 metros, dependiendo del estatus social de sus habitantes. Foto: El Clarín
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En Indonesia se encuentra la provincia de Papúa Occidental, una de las más despobladas del país donde habitan, al menos, 312 tribus indígenas. Muchas de estas no han tenido contacto con la civilización moderna, por lo que han podido desarrollarse de manera paralela en equilibrio absoluto con la naturaleza y manteniendo sus costumbres, tradiciones y estilo de vida, como sus famosas casas construidas en los árboles.

Los korowai o kolufos están conformados por 3.000 personas aproximadamente y tienen excelentes habilidades para la caza y la pesca. Además, se alimentan de cerdos salvajes, ciervos, plátanos y harina de la palma de sagú, también conocida como landán o yoro.

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El primer contacto que tuvo esta civilización con el mundo exterior ocurrió cuando unos misioneros holandeses la visitaron en la década de 1970. Desde entonces, un sector de su población ha logrado occidentalizarse.

Desde principios de 1990, algunos korowai han trabajado para compañías de turismo que venden viajes a la región, incluso algunos nativos han sido captados incorporando algunos hábitos occidentales, como fumar tabaco en pipas. A pesar de esto, la gran mayoría todavía conserva sus tradiciones y costumbres milenarias.

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Con los años, la tribu ha aprendido a sobrevivir a las adversidades de la naturaleza combatiéndola con ingenio.

Por ejemplo, debido a la humedad y los mosquitos, construyen sus hogares en lugares elevados. Por ello, no solo salvaguardan sus vidas de los distintos animales salvajes que puedan salir a su encuentro, sino que, según sus creencias, aseguran su protección ante los espíritus malignos.

Casas en los árboles

Sus casas en los árboles son famosas por su funcionalidad y la arquitectura empleada en su creación y están sostenidas por largas caras fuertes o vigas alrededor de un árbol baniano robusto, el mismo que sirve de eje y al cual se le quita la parte superior.

El entramado del suelo se hace de ramas con varillas, la corteza de la palmera de sagú se utiliza para las paredes, el techo se hace con hojas y el marco de la casa se construye con ramas atadas fijadas con un ratán.

El documental “Lords of the Garden” (1993) del Instituto Smithsoniano cuenta en detalle estos procesos de construcción.

Las casas generalmente se alzan entre los 6 y 15 metros de altura, aunque algunas pueden llegar hasta los 35 metros. Esto dependerá el estatus social de las personas que las habitan. Mientras más alta, más prestigios el clan.

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Los trabajos pueden durar dos semanas en promedio; pero si un clan vecino se suma a la jornada para ayudar con la construcción, se le deberá un favor. Al terminar, los integrantes de la familia participan en un rito inaugural en el que encienden una pequeña fogata en su interior.

Pueden llegar a convivir hasta 15 personas por hogar, ya que son una tribu polígama. Eso sí, primero suben los hombres y luego las mujeres, según sus reglas sociales.

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El pasado y presente de su canibalismo

En 1974, se hicieron infamemente populares para la prensa internacional por ser caníbales. No obstante, en la actualidad aseguran que ya no comen gente, aunque existen otras versiones al respecto.

El periodista australiano Paul Raffaele viajó hasta Papúa Occidental, en 2006, para entender un poco más sobre la cosmovisión de la tribu. Fue gracias a su guía en el lugar, quien llevaba 10 años allí, que pudo adentrarse en la selva, hacer contacto y sobrevivir.

Paul descubrió que, si alguien muere a causa de un accidente (golpe o caída), no se cuestiona el deceso y se considera “natural”. Sin embargo, cuando alguien muere de alguna enfermedad, lo consideran algo “misterioso” al no tener conocimiento de virus y/o bacterias —los asesinos invisibles—.

“Cuando alguien muere de una forma que ellos consideran misteriosa, creen que se debe a los brujos del inframundo llamados khakhua”, explicó Raffaele a la revista “VICE”.

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Como asumen que los demonios se comen el interior del cuerpo de los hombres, la lógica de la tribu es retribuir de la misma manera comiéndose el cuerpo.

Cocinan todo al vapor en un horno de hojas y piedras. La cabeza se la dan a la persona que encontró al “khakhua” y el resto se come todo lo demás, exceptuando el cabello, las uñas y el pene.