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Desde crucifixiones reales hasta autocastigos: los ritos más polémicos para conmemorar la Semana Santa

En diferentes partes del mundo se realizan costumbres extremas para conmemorar la Pasión de Cristo y que, en muchos casos, no cuentan con el aval de religiones como el catolicismo.

En el mundo realizan algunos rituales y penitencias muy extremas como parte de las celebraciones de Semana Santa. Foto: composición LR/AFP
En el mundo realizan algunos rituales y penitencias muy extremas como parte de las celebraciones de Semana Santa. Foto: composición LR/AFP
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María José  Vargas

Cada año, cuando llega la Semana Santa, se llevan a cabo representaciones extremas de la pasión de Cristo en varias partes del mundo. Algunas de las actividades no son aprobadas por al iglesia católica, pero son seguidas por miles de personas.

El castigo físico y la autoflagelación se practican en dichos ritos porque cuentan con la complicidad de los fieles y turistas cada año. Los penitentes recrean las escenas con prácticas extremas emulando el sufrimiento del nazareno durante su agonía.

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México, El Salvador, Filipinas y España son algunos de los países donde realizan todo tipo de representación extrema como muestra de una fe inquebrantable o como parte de una penitencia.

La fe filipina en Semana Santa

Un grupo de penitentes católicos en Filipinas celebró, este Viernes Santo, flagelando con látigos sus espaldas desnudas y ensangrentadas como parte de los ritos de Semana Santa en este país fervientemente religioso.

Numerosos hombres con los rostros cubiertos y los pies descalzos marcharon bajo el sol cerca de la capital Manila golpeándose con látigos de bambú o cargando cruces de madera mientras eran impactados, en una tradición mal vista por la Iglesia.

“Es severo, pero si tienes un deseo, soportarás el dolor”, aseguró a AFP Roy Balatbat, un devoto de 49 años, en el municipio de Hagonoy, en la periferia de Manila.

Este penitente, todavía con heridas abiertas en la piel de otro rito celebrado en la víspera, caminó un kilómetro, golpeándose y parando en ocasiones para rezar en el suelo ardiente.

“Llevo haciendo esto durante 30 años, desde que era joven. Mi devoción es tal que solo pararé cuando no pueda hacerlo más”, dijo.

“No promovemos actos de autoflagelación o crucifixiones”, dijo el padre Jerome Secillano, secretario ejecutivo del comité de asuntos públicos de la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas.

“El sufrimiento y la crucifixión de Cristo es suficiente para salvar la humanidad”, explicó a AFP, invitando a los fieles a “confesar sus pecados” en vez de realizar estos ritos.

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Encruzados de Taxco (México)

En Taxco de Alarcón, México, la fe se reivindica con escenas impactantes con la procesión de los Encruzados en Semana Santa.

Decenas de creyentes encapuchados y con faldas largas hacen un recorrido descalzos de, al menos, dos kilómetros por las angostas calles empedradas del centro histórico de la localidad mexicana. A la par, cargan a sus espaldas pesados rollos de espinas. En esa misma actividad, un grupo se encarga de azotar los torsos con látigos rematados con clavos que les provoca llagas sangrantes.

En dicha procesión también participan las ánimas, mujeres vestidas de negro que arrastran cadenas y llevan cruces.

La procesión de Taxco tiene la particularidad de comenzar a las 10.00 p. m. del día anterior y se extiende por siete horas, con caminatas llenas de flagelación y de sacrificio.

No obstante, toda la actividad puede durar 48 horas y es al mediodía del Viernes Santo que la actividad alcanza su punto más álgido. En ese momento, sale la procesión de las Tres Caídas de la iglesia Santa Prisca que justo recuerda la muerte de Jesucristo.

Un integrante de la Hermandad de los Encruzados confesó a un medio local que las personas dedicadas al rol deben mantener el anonimato. “Importa el ofrecimiento, no la persona”, dice.

La primera procesión de los Encruzados ocurrió hace más de 400 años. Se tiene registros de que la primera se efectuó a inicios de 1600.

Persona encapuchada carga un cruz como penitencia, durante la procesión de Cristos, en el municipio de Taxco, estado de Guerrero (México). Foto: EFE

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Latigazos en El Salvador

En las localidades de Texistepeque y Chalchuapa, en El Salvador, realizan una representación más lúdica y menos dolorosa.

Los diablos o talcigüines caminan por las calles encapuchados, ataviados de rojo y blandiendo cintas de cuero para dedicarse a soltar latigazos indiscriminadamente, eso incluye a los transeúntes que se cruzan en su camino.

Según la tradición salvadoreña, por cada azote que se recibe, un pecado menos. Por ese motivo, los residentes y turistas reciben resignados las sacudidas de los diablillos que se emplean a fondo durante una procesión a la que muchos les parece divertida en medio de los golpes.

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El martirio de la Semana Santa en San Vicente de la Sonsierra (España)

Existe la tradición medieval de los “picaos” en San Vicente de la Sonsierra, un pequeño pueblo de La Rioja (España), que realiza una procesión de Jueves Santo y el viacrucis del Viernes.

En las actividades los penitentes pasean por el pueblo descalzos, encapuchados y azotándose la espalda por encima del hombro.

Además, tienen la tradición de autoinflingirse cada uno entre 800 y mil latigazos, mientras otro golpea levemente sobre los moretones con una bola de cera que lleva incrustados seis cristales para hacer brotar la sangre del dorso y evitar mayores complicaciones.

Tras la finalización del martirio, el penitente recibe una cura con agua de romero.

Procesión de los "picaos" en España. Foto: EFE

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El misterio de los “empalaos” (España)

En España, también se realiza una particular tradición que es catalogada como misteriosa y siniestra en la Semana Santa. Se trata de los “empalaos” de Valverde de la Vera, en Cáceres.

La celebración de los "empalaos" se realiza en España durante la Semana Santa. Foto: Turismo Extreme Madura

Los torsos y los brazos de los penitentes son amarrados por completo con una soga de esparto para quedar atados en cruz a un timón de arado. Posteriormente, caminan descalzos por las oscuras calles del pueblo, con el tronco a cuestas y una corona de espinas en la cabeza, cubiertos por un velo blanco, arrodillándose en señal de respeto mutuo cada vez que se cruzan con otros “empalaos”, reseña El Universal.

“Todas las explicaciones eran religiosas, de ahí que fuera la institución eclesiástica y sus miembros los que estuvieran obligados a dar muestras de expiación pública como respuesta colectiva, animando a los feligreses a acudir a los oficios religiosos, misas solemnes, ayunos, procesiones, confesiones en masa y penitencias, para lograr el perdón divino”, señaló la historiadora Gloria Franco Rubio, aludiendo a los orígenes medievales de la purga de los pecados en Semana Santa.

En el siglo XVIII, las autoridades españolas prohibieron la presencia de flagelantes y displicentes durante las procesiones de Semana Santa, por considerar que atentaban al decoro y el buen gusto.

Con información de AFP.